Esta semana, dentro de las campañas de marketing, el alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, presentaba el Plan de Actuación frente a la pandemia de la Covid-19, que -según él- era para responder de «forma ágil y coherente».

Ha sido decirlo, y los servicios de control  sanitarios se han colapsado como contábamos ayer a cuenta de las pruebas PCR de ciudadanos afectados por los focos en la hostelería de la ciudad.

Nos recuerda cuando decía a los ayuntamientos de Euskadi que él compraba 300.000 mascarillas para ayudarles, ya que «hay alcaldes que no conocen la realidad del producto», y las tuvo que devolver. Por la boca muere el pez, es un clásico.

Las medidas y directrices que emanan del nuevo plan de actuación estarán siempre alienadas a las directrices que marquen las autoridades sanitarias, decía.

El plan de actuación ante posibles rebrotes contempla una nueva estructura de trabajo, más descentralizada, que busca una mayor agilidad y coordinación interna.

Los 5 comités mantienen reuniones periódicas que se mantendrán hasta que las autoridades sanitarias descarten la posibilidad de una amenaza sanitaria. En caso de rebrote, la recurrencia de reuniones de estos comités se ajustará a cada situación en base a criterios de autonomía organizativa de cada comité bajo la supervisión y de acuerdo a los criterios de la Mesa de Coordinación.


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