Con la primavera asentada y el verano a la vuelta de la esquina, los jardines de Vitoria vuelven a ponerse a prueba. Riegos rotos desde hace años.
Veamos como responden los jardineros. Que para hacer huelga han tenido un impulso superlativo. Para adecentar la ciudad, veamos…
Como ejemplo, en la calle La Valleta, junto al Bulevar de Salburua, el examen se suspende año tras año.
Un vecino denuncia en el Buzón que el riego automático de una de las zonas verdes lleva varios años estropeado, lo que provoca que, en cuanto suben las temperaturas, el césped se seque de forma fulminante, mientras el jardín contiguo —con el riego en funcionamiento— se mantiene verde y en buen estado.
La imagen es tan evidente como frustrante: dos espacios separados por apenas unos metros, uno reseco y otro cuidado. El vecino recuerda que la situación se repite cada temporada y reclama una intervención urgente para evitar que el jardín vuelva a convertirse en un solar amarillento durante los meses de calor.
RIEGOS ROTOS
La petición es sencilla: reparar el riego automático y garantizar un mantenimiento básico que impida que una zona verde relativamente nueva se deteriore año tras año.
Con el calor cada vez más intenso y prolongado, la falta de riego no es solo una cuestión estética, sino un síntoma de abandono que los residentes ya no están dispuestos a asumir.
UN CLÁSICO. EL MUNDO AL REVÉS:
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CONCLUSIÓN
Con la llegada del calor, los jardines de Vitoria vuelven a mostrar sus contrastes. El resultado se repite cada temporada: el césped se quema rápidamente, se vuelve pajizo y termina convertido en un terreno seco.
La diferencia es tan evidente que basta un vistazo para entender el problema: no es el clima, es el mantenimiento. El vecino pide en el Buzón Municipal una intervención inmediata para evitar que, un año más, el jardín desaparezca bajo el sol de mayo, junio y julio.
La queja llega en un momento clave: el cuidado de las zonas verdes no es solo una cuestión estética, sino de calidad urbana. “Solo pido que reparen el riego”, resume el vecino, cansado de ver cómo un espacio público relativamente nuevo se deteriora verano tras verano sin que nadie actúe.








