Martina se llama la nueva variedad de lechuga que ha entrado en el patrimonio culinario alavés. Se trata de una hortaliza muy particular, más oscura que sus hermanas, de semillas blancas, que estaba al borde de la extinción. ¿Los motivos? Que su producción es más lenta pero las semillas se han mantenido gracias a encontrarse en manos de pequeños agricultores que viven en zonas muy concretas de la montaña alavesa.
Ahora, con su incorporación al Arca Internacional del Gusto por parte de Slow Food, que ampara productos de calidad en peligro de extinción, se espera que esta variedad de lechuga pueda mantenerse y encontrar un buen sitio en nuestra mesa. Slow Food creó el proyecto internacional del Arca del Gusto para detener la pérdida de biodiversidad,y para reunir y catalogar tanto la materia prima de la agricultura como también los productos alimentarios trasformados que juegan un papel clave en la cultura, historia y tradiciones del mundo
Para quienes lo desconozcan, Slow Food Álava tiene entre sus objetivos promocionar los productos locales de calidad y apoyar a aquellos productores responsables con el medio ambiente y la protección de la biodiversidad, concienciando a los consumidores de la importancia de la selección de los productos y fomentando la educación del gusto.







