Opinión Norte Exprés.
Lo único que le falta a la tortilla de patatas del Récord GUINNESS no conseguido en Vitoria es terminar en los tribunales. Y todo parece indicar que va a ocurrir.
Desde el pasado agosto, ha pasado de todo. Bronca diaria en los medios de comunicación, bronca política, hilaridad en la calle, cachondeo general… Solo faltaba la llegada del caso ante la Justicia. Y a tenor de lo ocurrido en las últimas horas está prácticamente hecho.
Ayer los organizadores de la Capitalidad Gastronómica exigieron 50.000 euros al alcalde por burofax. Maroto esta mañana, en este medio, ha dicho que no paga. Así que el siguiente paso es la denuncia formal. Al menos en teoría.
El alcalde hace bien, no usar dinero ciudadano para pagar los errores en la gestión del evento. Y además se planta, cuando los del burofax lo han hecho, claramente, para presionarle a pocos días de las elecciones.
Argumentos infantiles
Los argumentos esgrimidos en las últimas horas por los organizadores para justificar su trabajo mal hecho, y no cobrado, pero que pretenden recuperar, es de primero de párvulos.
Ponen a dos organizaciones, que no conocía nadie hasta hoy, para justificar que Vitoria ha hecho la gran tortilla mundial, y dicen que Guinness ha reconocido algunas lagunas. ¿Por cierto, dónde está el papel donde GUINNESS dice eso? Porque la firma británica ya dijo el año pasado que no certificaba. Y desde ese día hasta hoy, nada ha cambiado.
Ejemplo: si usted quiere llevar a su hijo a la Universidad de Oxford y contrata a un asesor para que se lo gestione, usted espera Oxford. Finalmente, ese asesor lleva a su hijo a la Universidad de Perejil… Pero le dice que es igual que Oxford.
Eso es lo que ha ocurrido. Nos prometieron Oxford y estamos en Perejil. Pero nos siguen diciendo que es Oxford.




