La residencia del ‘lehendakari’ y el Parlamento vasco se comunican con sendos edificios colindantes a través de dos túneles subterráneos.

Hace ya 28 años que el Gobierno Vasco decidió perforar el suelo vitoriano. No buscaba construir un nuevo medio de transporte, sino liberar la saturación de sus dos edificios más emblemáticos, el Parlamento y Ajuria-Enea. Para ello realizó sendos túneles bajo tierra. El primero que salió adelante, en 1993, fue la galería que unió la residencia oficial del ‘Lehendakari’ con Lehendakaritza, la Secretaría de la Presidencia del Ejecutivo Autonómico. El segundo túnel resultó más polémico. Discusiones relacionadas con el mantenimiento o no de la fachada original del edificio de la calle Becerro de Bengoa y duras negociaciones con los propietarios de los pisos, algunos de los cuales llegaron a pedir hasta 32 millones de pesetas de la época, retrasaron el comienzo de la obra 12 años.

Finalizadas las polémicas, el proyecto recibió luz verde. El 14 de octubre de 1997 se colocó la primera piedra y Mikel Garbizu fue el arquitecto encargado de ejecutar la obra. El resultado fue una galería subterránea de 24 metros de longitud, casi tres de altura y 4,5 de ancho, que se excavó a ocho metros de profundidad. De su protección se encargan todavía hoy varios muros de hormigón armado. El proyecto costó cerca de 1.500 millones de pesetas y dotó al Parlamento de 6.000 metros cuadrados nuevos de oficinas.

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