Eider Bernaola (Gasteiz 1992) y Leire Bikuña (Iruña 1993) muejeres jóvenes que se dedican profesionalmente a la fotografía lanzarán, en el marco del 8 de marzo, un nuevo proyecto. Ámbas están unidas por su juventud, por su juventud y sobre todo por la temática de sus trabajos: utilizan la fotografía como forma de expresar su opinión, investigar, reflexionar y profundizar acerca de los estereotipos existentes alrededor de la imagen y como se ha representado a las mujeres a lo largo de la historia. Con este nuevo proyecto que se presenta bajo el epígrafe “Girls can do it” quieren poner de manifiesto “la forma en que esta representación ha contribuido a reforzar las desigualdades que a día de hoy siguen existiendo entre mujeres y hombres en la sociedad”, según explica Eider Bernaola.
En este nuevo proyecto colaborativo emprendido entre las dos jóvenes de Navarra y Araba han participado más de medio centenar de mujeres y verá la luz el miércoles 8 de Marzo a las 10:30 de la mañana. Se podrá acceder en www.girlscandoit.es
Contextualización
Leire Bikuña incide en que “la icónica ilustración en la que hemos inspirado nuestro proyecto, no es precisamente una imagen cuya historia pueda considerarse feminista. Se trata de un símbolo acuñado desde unos intereses capitalistas y que nada tenían que ver realmente con el empoderamiento de las mujeres. Sin embargo su repercusión a lo largo de la historia es relevante y por eso creemos necesaria una contextualización para poder entender la esencia del proyecto”.
El cartel aparece en Estados Unidos durante la Segunda Guerra mundial, concretamente creado por J.Howard Miller en 1943 para una empresa manufacturera del sector de la electricidad “buscaban, con esta propaganda animar y motivar a los trabajadores”, subraya Bernaola. Es decir, “que este cartel forma parte de una campaña militar propagandística por parte del gobierno, y de las propias empresas de armas para reemplazar a los hombres que estaban en el frente, es decir, necesitaban mano de obra”. Se apelaba a la incorporación de la mujer al mercado laboral no de forma desinteresada, de hecho esta campaña se basaba en 5 puntos estratégicos: deber patriótico -si no trabajan más hombres morirían en la guerra-, incentivo de salario propio y supuesta “independencia económica” -aunque a las mujeres se las consideró mano de obra barata y se vieron en la necesidad de hacer huelgas por sus bajos salarios, acoso sexual, explotación etc-, se empieza socialmente a relacionar a la mujer trabajadora con “ser glamurosa”, se compara el trabajo en las fábricas de la guerra con el trabajo doméstico, es decir que “podían hacer el trabajo de la fábrica porque eran ya expertas en hacer las tareas domésticas” y, por último, se crea el “orgullo de esposa”. Para evitar que aquellos que no habían ido al frente se sintieran amenazados con la idea de que la mujer se incorporara al mercado laboral -la creencia y el rol aceptado de que el hombre solo debe de alimentar a la familia se veía amenazada-, se reforzó el mensaje de que debían apoyar a estas mujeres y que no eran una amenaza si no que hacían lo que debían de hacer en las circunstancias del momento.
Sin embargo, el papel femenino en el mercado laboral tenía una fecha límite: el fin de la guerra. En cuanto los combatientes volvieron de la batalla, ellas regresaron a su puesto de amas de casa, por muy eficientes que hubiesen sido en sus puestos de trabajo. Todas perdieron sus privilegios y aunque muchas de ellas hubiesen querido seguir trabajando se las “invitó” a volver a sus hogares y a retomar sus roles.
No es hasta la década de 1980 cuando el cartel es redescubierto y empieza a utilizarse por movimientos feministas como icono para la lucha por los derechos de las trabajadoras.
Hoy en día, la imagen se relaciona con el empoderamiento de la mujer.
Manifiesto de Eider Bernaola y Leire Bikuña
A 2017 seguimos en una situación de desigualdad innegable. Se ha avanzado, pero no lo suficiente y desde nuestro punto de vista se vive en un contexto de falsa igualdad que ha hecho que nos relajemos, puesto que si no hay nada por lo que luchar quiere decir que todo está bien.
Sin embargo desde que empezó este año hasta el día 2 de marzo, sólo en el estado español, 19 feminicidios. 19 mujeres asesinadas por hombres,19 víctimas de violencia machista, -sin contar hijxs y familiares-. Para nosotras es una muestra clara de que todavía queda mucho por hacer.
No creemos que se trate de masculinizar lo femenino para conseguir una falsa sensación de equidad o de integración, no se trata de comportarse como “hombres” y adoptar un rol de género masculino. Esto es superficial e ineficaz cuando se trata de luchar contra la lacra del machismo en todas sus vertientes.
El contexto en el que nace esta imagen, que ha servido de referencia para crear el proyecto, les exige a las mujeres asumir un rol tradicionalmente aceptado como masculino, se les pide que pisen un terreno que hasta entonces prácticamente estaba reservado a los hombres. Como hemos dicho antes, tenía trampa. Ya que no deja de ser una de esas estrategias que aún a día de hoy se siguen utilizando para que creamos que hay igualdad.
Queremos darle la vuelta.
La intención de reinterpretar este cartel es recordar que la fuerza no es un atributo exclusivo de un género, es una cualidad de las personas. Que las mujeres somos personas y como tales existimos e importamos. Tampoco somos todas iguales y es por eso que no entendemos por que a día de hoy los medios de comunicación siguen representándonos con estereotipos y cánones de belleza con los que no nos sentimos identificadas. Diversidad.
El género, y los roles asociados, son una construcción social que se pueden cambiar a favor de la equidad.
Es hora de desmontar roles, de dejar de asociar posturas, emociones, acciones a un rol u otro, negándonos la posibilidad en ambos casos de ser personas más equilibradas. Nos gustaría que lo femenino dejara de estar asociado a la debilidad.
Para la realización de este proyecto se hizo una convocatoria vía redes sociales en el que participaron alrededor de 50 mujeres voluntarias a las cuales agradecemos profundamente su participación.
Buscamos la reflexión tanto de mujeres como de hombres, la autocrítica y generar esa pequeña inquietud, ya que es el primer paso para actuar y cambiar.





