OPINION: Hay algo más sorprendente que todo lo que se está conociendo alrededor de Galbiati. Más sorprendente que su deseo de marcharse al Barça. Más sorprendente que los intentos de renegociar contratos. Más sorprendente incluso que las supuestas maniobras para apartar a jugadores dentro de la estructura.
Lo verdaderamente llamativo es la reacción de una parte de la afición. No la de quien discrepa. No la de quien pide pruebas. No la de quien quiere esperar a conocer todos los hechos. Eso es perfectamente legítimo.
Lo sorprendente es la aparición del aficionado que directamente no quiere saber. Y que le molesta que se hagan públicos estos hechos.
A nosotros nos resultaría más fácil hacer la ola a Galbiati. Pero hemos apostado por contar los hechos de su relación con Baskonia. Para que tú decidas qué opinar en libertad. Pero no vamos a ocultar la mitad del relato, aunque nos insulten e injurien (hechos que irán a un Juzgado, por cierto).
OSCURIDAD
El que se enfada cuando aparecen datos. El que considera un problema que se investigue. El que prefiere la niebla a la claridad. El que se siente más cómodo en la oscuridad que frente a una verdad que pueda desmontar el relato que se ha construido durante años.
Es una actitud curiosa. Porque un club fuerte necesita transparencia. Necesita información. Necesita debate. Necesita crítica. Lo contrario no es fidelidad. Lo contrario es fe ciega. Y la fe ciega nunca ha ayudado a ninguna institución.
Hay aficionados que parecen haber decidido que cualquier información incómoda debe ser silenciada por el simple hecho de resultar incómoda. Como si conocer la verdad fuera una amenaza. Como si el problema no fuera lo que ocurrió, sino que alguien lo cuente.
Es la versión deportiva de taparse los oídos y cerrar los ojos.
«No me lo digas.»
«No quiero saberlo.»
«No me rompas la película.»
Pero la realidad tiene una mala costumbre: sigue existiendo aunque uno decida ignorarla.
Si alguien intentó marcharse, es noticia. Si alguien intentó modificar acuerdos, es relevante. Si alguien promovió movimientos internos controvertidos, merece ser conocido.
Lo que nunca debería molestar es la búsqueda de la verdad.
Porque cuando hay algún aficionado que empieza a temer la información, deja de actuar como un colectivo crítico y libre para convertirse en una parroquia. Y los clubes deportivos no necesitan creyentes. Necesitan aficionados maduros capaces de aplaudir, criticar, exigir y preguntar. La transparencia nunca es enemiga del club. La ocultación sí.
INQUIETANTE
Por eso resulta tan inquietante ver a quienes no combaten los hechos, sino el simple hecho de que los hechos salgan a la luz. Como si prefirieran vivir cómodamente instalados en una ficción antes que afrontar una realidad que desafíe sus convicciones.
Es miedo a la verdad.
Y ningún proyecto sólido se construye sobre aficionados que quieren saber menos. Se construye sobre personas capaces de soportar la realidad, incluso cuando duele. Porque la verdad no debilita.









