Se acaba la campaña electoral. La más aburrida y sosa de la historia de la democracia. Con un nivel político bajísimo en toda la península y sin perlas que llevarse a la historia de los politólogos.
El pasotismo ciudadano ha sido abrumador. Y es que las elecciones del pasado 20 de diciembre estaban muy cerca. Llega la hora de volver a las urnas. El domingo.
Y en Álava, un puñado de votos puede decidir muchas cosas.
4.000 votos de más de 254.000 electores pueden cambiar las balanzas.
Menos la de la victoria, que esa está reservada para los de Pablo Iglesias y el segundo puesto para el PP, según los sondeos. Aunque sí el segundo escaño que lo tienen totalmente en el aire.
En 2015, Podemos se quedó a poco más de dos mil votos de sacar el segundo escaño. EH Bildu solo a 4.000 votos de sacar escaño. Y el PSE a 3.000 de ganarle la posición al PNV.
Las encuestas hablan de tendencias similares, pero 4.000 votos no son nada en Álava, y pueden cambiar muchas cosas.
Solo un favor: pónganse de acuerdo y no organicen unas terceras elecciones generales seguidas, que no hay quien lo aguante.








