Cuatro robos y un intento en apenas tres horas en Vitoria. Una secuencia que deja en evidencia la impunidad con la que algunos actúan y la frustración de quienes deben detenerlos. Los agentes hacen su trabajo, pero los delincuentes se ríen en su cara: les da igual que los pillen, que los identifiquen o que los detengan.
Segundo capítulo similar de la semana: ¿Se ríen? El ladrón ‘pide a gritos’ que le detengan en Vitoria
Mientras tanto, recursos públicos —tiempo, personal, vehículos, informes— se consumen una y otra vez para perseguir al mismo protagonista. Un coste económico y moral que acaba pagando toda la ciudadanía.
Y no hay que ser ingeniero de la nasa para saber que no es la primera vez. ¿Dónde está la justicia?
LA SECUENCIA
Agentes de Policía Local detuvieron ayer a un varón de 38 años como presunto autor de un delito de hurto continuado . A lo largo de la tarde tuvieron que intervenir con él hasta en cuatro ocasiones por sustraer diversos productos, entre ellos botellas de alcohol y calzado deportivo, en diferentes establecimientos.
1.- Los primeros hechos comenzaron sobre las 15:00, en un centro comercial de la calle Zaramaga. Se dio por finalizada dicha actuación, en la que se le citó para juicio rápido
2.- Los agentes, sin salir del lugar, tuvieron que regresar a otro local donde había vuelto a hurtar.
3.- Minutos más tarde, una patrulla que realizaba labores de seguridad ciudadana de paisano lo observó caminar de forma apresurada por la calle General Álava. Al darle el alto, los agentes comprobaron que llevaba una mochila llena de diversos efectos que había sustraído en otro establecimiento de las inmediaciones.
4.- Durante las pesquisas policiales, se comprobó que había hurtado también en otro local del primer centro en Zaramaga.
5.- Y lo había intentado en un quinto, aunque sin éxito.
En total, lo sustraído por el varón en los cuatro establecimientos superaba los 1.000 euros. Por todo ello fue finalmente detenido minutos antes de las 18:00.









Otro parásito salido de la factoría buenismo s.a.
No es magia, son tus impuestos