OPINION. Hay noches de mercado que se viven con el corazón en la garganta. Y la de hoy, en Vitoria, ha sido una de esas. Rumores, ofertas, llamadas, clubes insistiendo… y, sin embargo, cuando el reloj ha marcado el final, Antonio Blanco seguía siendo jugador del Deportivo Alavés. Y eso, en este fútbol tan volátil, es casi un acto de resistencia emocional.
Mucho agorero por redes sociales. Que ahora estarán borrando mensajes.
Porque esta vez no solo ha ganado el club. Ha ganado la afición, ha ganado Quique Sánchez Flores y, sobre todo, ha ganado el propio Blanco, que ha decidido quedarse -al menos un año más- donde siente que es importante, donde se le valora, donde su fútbol tiene sentido.
Una decisión que vale oro
Blanco tenía ofertas. Y no de relleno. Equipos que le prometían escaparates más grandes, salarios más altos, focos más brillantes. Pero él ha elegido continuidad, proyecto y pertenencia. Ha elegido Mendizorroza. Ha elegido a su gente.
El Alavés también se planta
Y ojo, porque el club también merece aplauso. No ha cedido ante presiones, no ha aceptado ofertas que no respetaban el valor real del jugador. Ha defendido su proyecto, ha defendido a su entrenador y ha defendido a su afición.
En un mercado donde es habitual ver cómo los clubes medianos se resignan, el Alavés ha dicho: “Aquí no se regala talento”. Y esa firmeza también explica por qué Blanco sigue aquí.
Una dupla que ha ganado la noche
Al final, esta historia tiene dos protagonistas: Antonio Blanco y el Deportivo Alavés. Ambos han resistido, ambos han decidido, ambos han ganado.
En un mercado que suele llevarse por delante cualquier vínculo, esta vez ha triunfado algo tan simple y tan poderoso como la lealtad. Y Mendizorroza lo va a celebrar.







Que mire a Pacheco o a Rioja o a Abquar que en el Alaves eran alguien y queridos y hoy …..