Una queja ciudadana ha obligado al Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz a actuar ante la presencia de fumadores en la misma puerta de un centro cívico con papeleras y ceniceros, donde la nube de humo afectaba a usuarios, incluidos niños y bebés.
La reclamación, registrada en el buzón municipal, cuestionaba el sentido de colocar zonas de fumadores justo en el acceso principal, así como la falta de cumplimiento de la normativa que exige mantener distancia respecto a edificios públicos.
En su escrito, pedía mover los ceniceros a otra zona o retirarlos por completo.
EL AYUNTAMIENTO ESCUCHA
El Ayuntamiento ha respondido confirmando que ha solicitado al Departamento de Mantenimiento retirar uno de los ceniceros situados junto a la puerta en Zabalgana y reubicar el otro en un punto alejado de la entrada principal.
La intervención llega tras denunciar que, al entrar o salir del centro cívico, “la nube de humo te absorbe”, afectando especialmente a menores.
La actuación municipal supone, por tanto, la retirada efectiva de los ceniceros de la entrada, atendiendo a la petición ciudadana y reduciendo la exposición involuntaria al humo en un espacio público de uso familiar.
Una medida que a buen seguro que se trasladará a más zonas con igual problemática. Todo es empezar.
EDITORIAL
Cuando escuchar funciona
A veces, la política local se mide en grandes planes estratégicos, inversiones millonarias o discursos solemnes. Pero la calidad democrática también se demuestra en lo pequeño: en una papelera mal ubicada, en un cenicero que molesta, en una entrada llena de humo que afecta a familias que solo quieren entrar a un centro cívico sin respirar lo que no les corresponde.
En este caso, una queja ciudadana bastó para que el Ayuntamiento reaccionara con rapidez y sentido común.
No es un gesto menor. Es un ejemplo de algo que la ciudadanía lleva años reclamando: ser escuchada. Y, cuando se escucha, las soluciones aparecen. Sin comisiones eternas, sin informes que duermen en cajones, sin excusas.
El Ayuntamiento ha mejorado en este terreno. Cada vez responde más, antes y mejor. Y eso importa. Importa porque devuelve confianza. Importa porque demuestra que la participación no es un eslogan, sino una herramienta útil. Importa porque recuerda que la ciudad se construye también desde las pequeñas decisiones que afectan al día a día.
Escuchar no cuesta dinero. Ignorar, sí. Y cuando una institución demuestra que está dispuesta a atender lo que los vecinos señalan, gana la ciudad entera.








