Nuevo “thriller” ambientado en Vitoria: Experimentos con humanos

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IMQ – Nov 18
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Por Sergio Andreu . (EFE).- La codicia no es una enfermedad, pero es la patología que sufren ciertas multinacionales ansiosas de definir nuevas dolencias que curar con fármacos milagrosos, un maquiavélico plan sobre el que gira la novela gráfica “Yo, loco”, segunda entrega de la “trilogía egoísta” ambientada en Vitoria del tándem formado por Antonio Altarriba y Keko. Un “thriller” apasionante.


En 1946, la OMS reconocía únicamente 26 enfermedades mentales. Hoy son más de 400. Éste dato es tan sólo una de las estadísticas reales que animaron al guionista afincado en Vitoria Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) a fijarse en la industria farmacéutica para construir un apasionante thriller de “espacios cerrados”, al que Keko (Madrid, 1963) ha logrado insuflar una opresiva estética “noir” capaz de dar mayor verosimilitud, si cabe, a esta historia de toques conspiranoicos.

Si en la inicial “Yo, asesino” (Norma Editorial) el protagonista era un “psicokiller” estético que “se venga de la impostura en el mundo del arte” -en boca del propio Altarriba, Premio Nacional del Cómic por “El arte de volar”- aquí es un dramaturgo en horas bajas contratado por una corporación, de ambición y cinismo desmedido, que quiere hacer de la farmacia una religión ante la que postrarse.

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Convertir simples peculiaridades de carácter en enfermedades que se puedan “monetizar” (término que la RAE no acepta aún en esta acepción, pero que no hace falta aclarar) es a lo que se dedica Ángel Molinos, o como él mismo se define, un “estafador psíquico”, aquejado por extraños sueños, que anota detalladamente al despertar.

La “nomofobia”, la adicción a los teléfonos móviles o la “cuantofrenia”, una mentalidad patológicamente cuantificadora de todo lo que le rodea, son algunas de las invenciones (aunque en la vida real ya estaban referenciadas) salidas de la cabeza de este ser atormentado por las abusos sufridos en su niñez, y que le han convertido en apotisexual, otro término de nuevo cuño para definir la aversión al sexo.

“La idea de la trilogía no existía a priori, pero cuando estábamos con ‘Yo, asesino’ vimos que allí había un potencial de ofrecer voces narrativas diferentes a personajes situados al margen de las líneas habituales del pensamiento, ya fuera el arte o las enfermedades mentales”, desvela el guionista, catedrático de literatura francesa de la Universidad del País Vasco, que ha vuelto a situar en Vitoria el escenario de la trilogía.

De hecho, el edificio que sirve de sede a la corporación en la que trabaja Molinos -personaje inspirado a su vez en el poeta francés Antonin Artaud- existe realmente: la antigua sede de Caja Vital, una jaula ultravigilada convertida en un “centro del mal donde se experimenta con cobayas humanas”, revela Keko.

Más allá de licencias narrativas, “Yo, loco” es una distopía lamentablemente verosímil, aunque los autores no creen que vayan a recibir un pájaro muerto de advertencia, como le ocurre al protagonista de su novela, o que alguna multinacional (a pesar de la similitud de los nombres utilizados) vaya a darse por aludida y les demande.

“No irán contra dos mindundis que han hecho un tebeo, pero si lo hacen pueden provocar el ‘efecto Streisand’, ese que advierte que si quieres que algo no trascienda mejor no lo denuncies o lo censures”, afirma con media sonrisa el dibujante.

En cualquier caso, todos los datos que recoge el libro son reales y están documentados: “las referencias a los lobbies; las filtraciones entre equipos de investigación y multinacionales, o la larga la lista de enfermedades que se nombran”, asegura Altarriba.

Esa sensación de que “algo por el estilo” podría estar pasando, es lo que generará inquietud en el lector, que quizás reconozca en el malvado jefe de Molinos -“el destilador de venenos” se hace llamar- a Martin Shkreli, “uno de los hombres más odiados de EEUU”.

Como director ejecutivo de una farmacéutica, Shkreli incrementó un 5.000% el precio de un fármaco que debían tomar personas con el sistema inmune débil, un alza disparatada “que provocó bastantes muertes”, recuerda el responsable del guión.

Tras la impostura moral de “Yo, asesino” y la científica en “Yo, loco”, la tercera pata de la trilogía se centrará en la política bajo el título de “Yo, mentiroso”, que abordará “la complicidad entre mandatarios y periodistas, aunque el problema que tenemos aquí es que hay muchísimo material, demasiado”, se lamenta el guionista.

Toda la trilogía sigue también un reguero de colores que acompaña al blanco y negro de las viñetas; el rojo para la sangre del asesino, el amarillo que pespunta la segunda entrega como símbolo de la locura -“que nadie haga una lectura política de esta elección”, piden los autores- mientras que el verde será el de la mentira, que verá antes la luz en Francia, como ha ocurrido con la dos primeras.

¿Por qué en Francia primero?. Porque tienen esa rara costumbre de pagar unos adelantos importantes que te permiten funcionar”, resume sincero Altarriba acerca de la gestación de una trilogía que fue recibida con el Gran Premio de la Crítica ACBD en el país vecino. EFE

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