Faltaba poco más de una hora para el partido Alavés-Atlético de Madrid y el Café Prado, en el parque del mismo nombre. Local hostelero tomado por aficionados visitantes.
Con ambiente calmado, sin tensiones, mezclados con algunos alavesistas. Allí estaban tomando cervezas, cafés, refrescos y cubatas. Había de todo.
LLEGA LA POLICÍA
De repente aparecieron dos furgonetas de la Ertzaintza y de allí se bajaron varios agentes pertrechados con escudos y cascos.
Se dirigieron a un lateral para no dejar pasar aficionados del Alavés. No pasaba nada, pero todo prevención.
Y LLEGA EL AGENTE INSISTENTE
Y ahí llegó un agente (con la cara oculta) que se dirigía a los aficionados colchoneros: «Si quieren ser escoltados hasta el campo, colóquense detrás de las furgonetas».
Ni caso (sin malos rollos)
Lo vuelve a repetir, ni caso. tercera vez, cuarta… Ha sudado. Pero lo ha conseguido. Los aficionados atléticos que veían un ambiente normal, no terminaban de entender la petición. Aunque han claudicado.
CONCLUSION: Al final, tras varios intentos, gestos y mucha paciencia, el agente logró reunir al personal. Misión cumplida. Los aficionados colchoneros se colocaron donde tocaba y pusieron rumbo a Mendizorroza escoltados.
Dicen que escoltar a una afición visitante forma parte del trabajo. Lo que no cuentan en la academia es que, a veces, lo más complicado es conseguir que decenas de aficionados dejen la cerveza cinco minutos y se pongan en fila.
Esta vez, tras insistir más que un despertador en lunes, el agente acabó llevándose la victoria.












