(EFE).- La familia sigue siendo la principal referencia de los adolescentes vascos, que valoran la comunicación en el seno familiar y se sienten parte de la toma de decisiones, pero que, sin embargo, son ahora menos respetuosos con sus padres que hace veinte años.
Así se desprende del informe «La realidad de la infancia y la adolescencia vasca en cifras. 2014», elaborado por el Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco y que recopila y analiza estudios relacionados con los niños y adolescentes de Euskadi publicados en los últimos años.
En el País Vasco hay 355.258 menores de 18 años (el 48,5 % son chicas), que representan el 16,2 % de toda la población vasca, un peso menor del que tenían hace dos décadas, ya que en 1996 equivalían al 17,2 %. El 7,7 % de estos jóvenes son extranjeros.
La familia es su principal referente y juega un «papel central» en esta etapa de la vida. De hecho, el 86 % afirma que la familia es muy importante para ellos, aunque también los amigos tienen «un peso específico» en la adolescencia, una etapa que se caracteriza por tener una red social amplia.
Los niños y adolescentes vascos puntúan con 8,42 puntos sobre 10 sus relaciones familiares. La comunicación es buena en general, aunque resulta más fácil hablar con las madres que con los padres, especialmente para las chicas. En cualquier caso hablar de sexo sigue siendo un tabú tanto para los hijos como para los padres, que delegan la educación sexual en la escuela.
Con los años la familia se ha flexibilizado y las relaciones son menos jerárquicas y autoritarias, lo que permite a los adolescentes a sentir que participan en la toma de decisiones en casa (así lo piensa el 76,6 %).
Como dato negativo en las relaciones familiares, en 2013 un total 1.230 menores fueron víctimas de malos tratos o delitos contra la libertad sexual y en casi en la mitad de los casos (48,5 %) el autor formaba parte del entorno familiar.
Además en los últimos años han crecido los episodios de menores que agreden a algún miembro de la familia o a sus parejas (130 casos en 2012).
El informe también constata que los vascos creen que ahora disponen de menos tiempo para compartir con la familia, aunque tres de cada cuatro padres charla e intercambia impresiones con sus hijos a diario (un 20 % más que hace 15 años) y un 62 % les ayuda con las tareas escolares una o dos veces por semana (frente al 41 % del año 2001).
Comer en familia es sin embargo una actividad que pierde terreno, ya que ahora solo el 33 % lo hace, un 20 % menos que quince años atrás.
La dificultad para conciliar vida familiar y laboral ha llevado a delegar el cuidado de los hijos en terceras personas (abuelos, personal contratado o guarderías), lo que da lugar a «nuevos referentes en las pautas educativas» y «augura un escenario lleno de retos».
De hecho, el 55 % de los vascos piensa que hoy en día es más difícil criar a los hijos y el 77 % que éstos muestran menos respeto a los padres que hace veinte años.
En cuanto a la salud de los niños y adolescentes vascos, el informe releva que el nivel socioeconómico de la familia influye en las dolencias que se tienen. Así, entre los jóvenes con menos recursos tres de cada diez padecen algún problema crónico como alergias, asma e incluso tumores malignos, mientras que sólo uno de cada diez de los más favorecidos tiene estas afecciones.
Además, y de manera general, el 10 % de la población de 15 a 24 años muestra síntomas de ansiedad y depresión (la cifra se eleva al 18 % en al caso de las chicas), mientras que un 2,5 % de chavales de hasta 14 años presenta transtornos de conducta.
Aumentan los niños y adolescentes con obesidad y ya representan al 7 %, cerca de dos puntos más que en 2006, aunque aún lejos de la media española del 9,5 %.
En cuanto a sus hábitos alimenticios, el 8 % de los adolescentes toma comida rápida tres o más veces por semana, el 5 % nunca o casi nunca come verdura y el 5 % no prueba el pescado, cifra que se duplica en el caso de los jóvenes con menos recursos.
La crisis ha influido en la alimentación de las familias y casi un 8 % tiene problemas graves para poner comida en la mesa y un 3,6 % no puede costearse comer proteínas al menos cada dos días.







