Cada vez es más habitual que cualquier debate ciudadano acabe teñido por la palabra “racismo”, utilizada como comodín para explicar todo. Acabamos de localizar una carta ciudadana que inaugura otra forma de racismo: dar limosna en Vitoria.
La carta de un vecino lo ejemplifica con crudeza: en las puertas de los supermercados, la mendicidad se ha convertido en paisaje diario mientras algunos ciudadanos entregan dinero, un gesto que ellos viven como solidaridad, pero que el vecino denuncia como racismo condescendiente y paternalista.
CARTA ÍNTEGRA ENVIADA AL AYUNTAMIENTO DE VITORIA:
«La proliferación de la mendicidad en la entrada a los supermercados es cada día mas habitual y además observar cómo señoras y señores de cierta edad dan dinero de forma sistemática y sin ningún tipo de control a estas personas basándose exclusivamente en el origen o el color de piel de la persona…
…lo cual constituye una forma de racismo condescendiente y paternalista.
Esta conducta por parte de estos ciudadanos —que optan por dar «un eurito» para limpiar su conciencia en lugar de implicarse humanamente, preguntar qué les ocurre o cómo ayudarles de verdad— no soluciona el problema de fondo. Al contrario, perpetúa la mendicidad en las calles», finaliza en el buzón.
OPINION:
Ya está bien de convertir cualquier gesto, cualquier matiz, cualquier interacción humana en “racismo”. Se ha vuelto un comodín tan gastado que ya no explica nada y, peor aún, impide hablar de los problemas reales.
El ejemplo de la carta es paradigmático: un vecino denuncia que algunas personas dan un euro a quien pide en la puerta del súper “porque es extranjero” o “porque tiene otro color de piel”, y lo interpreta como racismo paternalista. Pero convertir un gesto de ayuda —torpe, superficial, quizá ingenuo, pero ayuda al fin y al cabo— en una soflama moralista es una exageración que ya roza lo grotesco.
Llamar racista a todo el mundo por todo es una forma de vaciar la palabra de sentido. Se usa como martillo para golpear cualquier conducta que no encaje en el relato moral del momento. Y así, lo que podría ser un debate serio sobre pobreza, mendicidad, políticas sociales o integración, se reduce a un eslogan fácil que no aporta soluciones y solo sirve para señalar con el dedo.
Porque sí, hay quien da dinero para tranquilizar su conciencia. Hay quien prefiere no mirar más allá. Hay quien ayuda sin pensar. Pero convertir eso en una acusación de racismo condescendiente es una pirueta intelectual que solo consigue que la gente desconecte del debate y piense: “mira, otro que llama racista a cualquiera por cualquier cosa”.
Ejemplo
Una señora sale del súper, ve a un chico sentado, le da un euro y sigue su camino.
- ¿Es una ayuda mínima? Sí.
- ¿Soluciona algo? No.
- ¿Es racismo? No.
Es simplemente una persona intentando hacer algo, aunque sea poco, aunque sea imperfecto. Confundir eso con racismo es una forma de ruido moral que no ayuda a nadie. Ni al que da, ni al que recibe, ni al debate público.









Sabeis que muchos vienen de Bilbao,Miranda…,traídos en coches de alta gama y recogidos al acabar su «turno laboral»,pero claro es otro bulo y tal,y no solo gente de color,que en el centro hay uno nacional que viene de Miranda a hacer el turno.
No es ningún bulo, es tan cierto como que esas mafias se están luchando de la pobreza de muchos. Fíjense en la gente que ponen por el centro y en que puntos más estratégicos