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La Audiencia Provincial de Álava ha condenado a 6 años de cárcel a un hombre por agredir sexualmente a una mujer dedicada a la prostitución en Vitoria, una relación que el acusado en el juicio mantuvo que fue consentida frente a una versión muy diferente de la víctima, que ha sido avalada ahora por el tribunal.

El hombre deberá abonar también una multa de 300 euros e indemnizar con 5.252 euros a la mujer, con la que no podrá comunicarse ni acercarse a ella a una distancia inferior a los 500 metros durante 10 años. Además y una vez finalizada la pena de cárcel deberá cumplir una libertad vigilada durante 5 años.

La Fiscalía y la acusación particular en este caso solicitaron un total de 19 años de cárcel para el acusado, 14 por la agresión sexual y 5 por un delito de detención ilegal. La defensa la absolución. Ahora el tribunal considera probado el delito de agresión sexual en concurso con un otro leve de lesiones y fija 6 años de cárcel.

Los magistrados recuerdan que el delito de agresión sexual está castigada con una pena de prisión de 6 a 12 años y la de lesiones con una multa de uno a tres meses.

El tribunal acuerda imponer la pena mínima al considerar que es una respuesta punitiva «justa» dadas las circunstancias personales del acusado, «un persona con trabajo y familia, integrado socialmente y carente de antecedentes policiales o judiciales».

Los hechos declarados probados dan verosimilitud a la versión de la víctima que en el juicio, celebrado en abril, afirmó que el acusado la agredió y la violó el 28 de enero de 2019 en un camino rural frente al relato de él que aseguró que fueron relaciones pactadas.

El tribunal explica en los hechos probados que ambos se encontraron en una discoteca de Vitoria, que ella había bebido y se encontraba en evidente estado etílico y que ambos mantuvieron una actitud cariñosa. Que a la salida del establecimiento y enterado él que ella se dedicaba a la prostitución concertó con la mujer un encuentro sexual bajo precio y se fueron en el coche del varón.

Añade que la condujo hasta la afueras de Vitoria, que ella se fue despejando de la borrachera y que una vez parados en un camino rural, la mujer que «había cambiado de opinión» sobre el encuentro sexual, trató de salir de él no acertando a abrir la puerta.

En ese momento, «ignorando» la voluntad de ella y con ánimo de dar satisfacción a sus deseos sexuales la violó.

LO QUE YO DIGA

En la sentencia se explica que el acusado le dio dos o tres puñetazos en el mentón y varias bofetadas en la cara, y que la apretó con una mano sobre el pecho para inmovilizarla al tiempo que le decía: «eres una puta y vas a hacer lo que yo diga».

Tras la agresión la mujer pudo salir del coche y pidió ayuda a los ocupantes de un vehículo que pasaba por la zona. La víctima presentaba lesiones compatibles con los golpes recibidos.

El tribunal considera que en este caso no hay pruebas que corroboren la versión de que llegó retenida al lugar en el que se produjo la agresión sexual, y por eso no le condena por el delito de retención ilegal.

«La inmovilizó durante el tiempo estrictamente necesario para forzarla y seguidamente, acabado el acto sexual, ella salió sin oposición de él», mantiene el tribunal.

Lo que sí dan por acreditados los magistrados es el relato de la denunciante en el descampado y recuerda que las declaraciones de los testigos han mostrado que ella no tenía lesiones físicas antes de subirse en el coche.

También dicen que la mujer optó por no volver con el acusado a Vitoria a pesar de que estaba lloviendo y que paró un coche llorando relatando a sus ocupantes que había sido violada y golpeada, algo que estos corroboraron en el juicio, lo mismo que los ertzainas que la asistieron.

«El rechazo mediante la huida de la posibilidad de regresar a Vitoria con el acusado, en una noche lluviosa de enero, el estado emocional que presentaba cuando fue ayudada y las primeras referencias que ofreció (la víctima) constituyen también corroboraciones de la realidad de la agresión», mantienen.

«Y si hubo una relación sexual, hecho indiscutido, coetánea a una agresión física, no podemos sino concluir que no fue consentida», concluyen en una sentencia contra la que cabe recurso ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. EFE


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