La entrega de aguinaldos a los Miñones de Álava fue una costumbre navideña que se practicó durante décadas en el territorio.
Consistía en que colectivos ciudadanos, asociaciones o entidades locales entregaban un pequeño obsequio —normalmente alimentos, dulces o algún detalle simbólico— a los Miñones como gesto de agradecimiento por su servicio público.
No era un acto oficial de la Diputación -pero si frente a su sede- sino una tradición social, muy propia de la época, en la que distintos gremios o asociaciones mostraban reconocimiento a cuerpos uniformados o trabajadores públicos durante la Navidad.
ACTUAL FONDO DE DIPUTACIÓN PARA COMPLEMENTOS ¡273.049 euros!
Ahora, la cosa se ha modernizado. Lo más parecido a regalos en Diputación -esto sí que es oficial- es un fondo de miles de euros ¡Diputación de Álava engorda sus sueldos!
El gabinete de Ramiro González gestiona un «fondo» para «complementos de productividad» que mejorarán los sueldos. Exactamente reserva 273.049 euros
La entrega de aguinaldos antaño tenía varios significados:
✔ 1. Reconocimiento social
Era una forma de agradecer a los Miñones su labor de vigilancia, seguridad y servicio al territorio.
✔ 2. Tradición navideña
El “aguinaldo” era un regalo típico de Navidad, muy extendido en España, especialmente en los años 40–60.
✔ 3. Vínculo entre ciudadanía y cuerpo foral
Mostraba la cercanía entre asociaciones locales y los Miñones, un cuerpo profundamente arraigado en la identidad alavesa.
FUNDADO EN 1793
Los Miñones de Álava son el cuerpo policial más antiguo de España, fundado en 1793 y dependiente de la Diputación Foral de Álava. Hasta su incorporación a la Ertzainzta.
Durante buena parte del siglo XX era habitual que colectivos, gremios o asociaciones entregaran aguinaldos a:
- Miñones
- Guardias municipales
- Bomberos
- Personal de servicios públicos
Con el tiempo, estas prácticas se consideraron anticuadas y poco compatibles con una administración moderna.
IMÁGENES PHOTO ARABA DIPUTACIÓN:
EDITORIAL
Opinión: De los aguinaldos al “fondo mágico” de los privilegiados
Hay tradiciones que se pierden y otras que, curiosamente, se reinventan. Antes, los Miñones recibían aguinaldos: un puñado de dulces, un queso, una botella, un gesto simbólico de cercanía entre ciudadanía y cuerpo foral. Nada oficial, nada reglado, nada blindado. Un detalle navideño, casi costumbrista, que hablaba de un territorio pequeño donde todos se conocían.
Hoy, en cambio, la Diputación ha sustituido los turrones por algo mucho más moderno: un fondo de 273.049 euros para “complementos de productividad”. El aguinaldo 2.0. Pero esta vez no lo entrega el pueblo: se lo reparten ellos mismos.
Y claro, uno no puede evitar pensar que la modernización administrativa ha tenido un efecto secundario muy concreto: los regalos ya no vienen de fuera, sino de dentro. Y no hablamos de un mazapán, precisamente.
Mientras la ciudadanía ajusta cuentas, paga impuestos y mira con lupa cada euro que entra y sale, la institución reserva un fondo que, año tras año, parece más un colchón de privilegio que un incentivo real. Un fondo que se gestiona en silencio, sin villancicos, sin fotos, sin gremios entregando nada. Solo números, resoluciones y una discreción que ya querrían los Reyes Magos.
En resumen: La tradición se ha perdido, sí. Pero el espíritu del regalo… ese sigue vivo. Solo que ahora lo disfrutan unos pocos y lo pagamos entre todos.
Si esto no es una categoría de “privilegiados”, que venga Olentzero y lo vea.













Y cuándo dan esa paga?