Opinión Norte Exprés
No tuvimos problemas en designarle como el personaje destacado en 2015. Y tampoco el aplaudir su trabajo durante gran parte de 2016.
Pero hace tiempo que Ramiro González, diputado general de Álava, ha entrado en suspenso permanente. Se le ve agotado. Sin fuerza. Sin ímpetu para liderar la institución. Derrumbado. Se le hace larga la legislatura y aún quedan casi dos años.
Muchos son los errores de los últimos meses.
Sorprende lo poco que da la cara. Van varios ejemplos donde anula ruedas de prensa o evita los temas calientes. Escaqueo permanente.
En las últimas horas tiene su institución un «azote» del Tribunal Vasco de Cuentas. Y sobre todo, desde hace semanas, numerosos problemas con menores extranjeros que tutela. No dice ni Pamplona. Sin olvidar los pagos a autónomos alaveses en plazos fuera de la Ley de Morosidad.
Ante ayer salió corriendo en redes sociales a hablar de Foronda para darse autobombo. ¿Y los menores? ¿Y los autónomos alaveses a los que no les paga en plazo? También eran noticias de ante ayer, y de eso no quiso dar explicaciones a la opinión pública.
Ni hablar de la Ley de Aportaciones que perjudica a Álava, de las retenciones en las carreteras alavesas, del Plan de Abastecimiento de agua con falta de inversión…
Esperemos que el mes de agosto sirva para que medite, piense sobre su agotamiento y tome decisiones de futuro.
De él depende. Ya lo hizo bien. Veamos donde se instala.







