Opinión: Desde la comodidad de la poltrona institucional, Ramiro González reparte lecciones a los empresarios alaveses: El diputado general de Álava ha hablado de la importancia de que las empresas aumenten su tamaño para así ganar en competitividad.
Como si los emprendedores y autónomos alaveses pudieran sacar una varita mágica y generar negocio de la noche al día para poder pagar sueldos nuevos y no cerrar si les va mal.
Pero mientras él teoriza, quienes realmente sostienen la economía —los emprendedores— están en la calle jugándose los cuartos, buscando clientes, abriendo mercados y asumiendo riesgos reales.
El político, en cambio, vive instalado en un récord histórico de recaudación, con sueldazo, ¡Se sube el sueldo! Récord histórico de un político en Vitoria
Y protegido por un sistema que le garantiza ingresos sin necesidad de moverse ni enfrentarse a la incertidumbre que sí padecen las empresas a las que pretende aleccionar.
TUBOS REUNIDOS
Su postura respecto a Tubos Reunidos es otro ejemplo de esa desconexión. Reconoce el impacto del ERE en Aiaraldea, pero se limita a defender una mesa industrial que avanza a paso burocrático mientras la comarca pierde empleo y actividad.
Y, para rematar, señala a los sindicatos que no participan como si el problema fuera su ausencia y no la falta de soluciones reales.
La distancia entre quienes gestionan desde el despacho y quienes se juegan el futuro en el terreno es cada vez mayor, y declaraciones como estas no hacen más que evidenciarlo.
CONCLUSIÓN
La paciencia del tejido empresarial está agotada. Resulta insoportable escuchar a un político dar lecciones desde un despacho alfombrado mientras quienes levantan la economía salen cada día a jugársela .
Por eso las palabras de Ramiro González no solo suenan vacías: suenan ofensivas.
Hablar de “monstruos industriales” desde la poltrona, mientras la industria real se desangra, es una falta de respeto a quienes sostienen este territorio con esfuerzo y riesgo personal.
Si de verdad quiere que las empresas crezcan, lo primero que debería hacer es dejar de sermonearlas y empezar a acompañarlas.
Porque lo que hoy indigna al empresariado no es la falta de tamaño: es la falta de compromiso político real.






