EFE).- Iñigo Urkullu ha sido elegido lehendakari para un tercer mandato consecutivo en el pleno de investidura celebrado este jueves en el Parlamento Vasco gracias a los votos de su partido, el PNV, y del PSE, formaciones que han alcanzado un acuerdo para reeditar el gobierno de coalición que ahora disfrutará de mayoría absoluta.

La Cámara autonómica ha votado esta tarde las dos candidaturas presentadas para liderar el Gobierno Vasco: la de Urkullu y la de la portavoz de EH Bildu, Maddalen Iriarte, que no ha salido adelante al haber logrado únicamente el respaldo de sus 21 compañeros de bancada.Urkullu sí ha conseguido en cambio el apoyo mayoritario del Parlamento al sumar 40 de 75 escaños: 30 del PNV y 10 del PSE. La reelección ha sido posible a pesar de que la representante nacionalista Irune Berasaluze no ha podido asistir al pleno debido a que está en cuarentena a la espera de recibir el resultado de una prueba PCR.

En todo caso la ausencia de esta parlamentaria no ha impedido a Urkullu obtener el respaldo de la mayoría absoluta de la Cámara -fijada en 38 escaños-, de manera que no ha sido necesario celebrar una nueva sesión plenaria -en este caso sería suficiente una mayoría simple para ser investido- algo que sí ocurrió en 2016 cuando nacionalistas y socialistas estaban en minoría.

Los otros partidos con representación en el Parlamento Vasco: Elkarrekin Podemos (6 parlamentarios), PP-Cs (6) y Vox (1) se han abstenido en las votaciones de elección de los dos candidatos ya que el reglamento de la Cámara vasca solo contempla la posibilidad de votar a favor o abstenerse pero no de hacerlo en contra.

Urkullu, un nacionalista pragmático ante el reto de superar la pandemia

EFE).- Pragmático, moderado y respetuoso con el adversario político Iñigo Urkullu comienza este jueves su tercera legislatura como lehendakari con el principal reto de doblegar la pandemia de covid-19 e impulsar la recuperación económica tras la crisis derivada del coronavirus.

Un virus que ha empañado algunos hitos de su gestión al frente del Gobierno Vasco como la reducción del desempleo por debajo del 10 %, un objetivo logrado en 2019 que se vio truncado con la paralización de la economía y el consecuente aumento del paro durante el confinamiento para frenar la expansión de la covid.

De hecho el acuerdo PNV-PSE para reeditar el Gobierno de coalición -que le ha permitido ser reelegido hoy en primera votación con mayoría absoluta- se centra en «la reactivación económica y la generación de empleo», en la apuesta por los servicios públicos para que el coronavirus «no deje a nadie atrás» y también en la exigencia del cumplimiento íntegro de Estatuto de Autonomía y en la renovación del pacto estatutario.

El primer paso del nuevo Ejecutivo liderado por Urkullu será en todo caso contener una pandemia que ya condicionó las elecciones que le erigieron vencedor, puesto que tuvieron que ser aplazadas al estar los vascos en plena cuarentena en la fecha elegida inicialmente (5 de abril).

En la cita electoral trasladada finalmente al 12 de julio los vascos no penalizaron situaciones complicadas surgidas en el tramo final de la legislatura, como la condena por corrupción del ex número dos del PNV alavés Alfredo de Miguel, las presuntas irregularidades en las oposiciones de Osakideza y el derrumbe del vertedero de Zaldibar (Bizkaia), con dos operarios fallecidos y con el cuerpo de uno de ellos aún sin recuperar.

Al contrario, Urkullu salió reforzado y vio premiada su experiencia en la gestión, su capacidad de diálogo y búsqueda de acuerdos entre vascos y con el Gobierno central, y su apuesta por reeditar un gobierno de coalición con los socialistas que a partir de ahora gozará de mayoría absoluta en la Cámara de Vitoria.

Esa comodidad parlamentaria permitirá a ahora su Gobierno desarrollar su proyecto con mayor libertad que en los cuatro años anteriores, cuando estaba obligado a negociar para sacar adelante sus propuestas. A pesar de esa mayoría absoluta el lehendakari ha tendido hoy la mano a los grupos de la oposición para consensuar acuerdos para superar la pandemia.

Iñigo Ukullu nació en Alonsotegi (Bizkaia) hace 59 años. Diplomado en Magisterio, está casado y tiene tres hijos. Religioso, metódico y dialogante, es un hombre serio que huye de los excesos verbales y que en las distancias cortas tiene un trato afable y educado.

Su carácter familiar le ha llevado a ser el primer lehendakari en no vivir de manera permanente en la residencia oficial de Ajuria Enea, en Vitoria, y a regresar a su domicilio de Durango (Bizkaia) para dedicar más tiempo a los suyos.

Antes de acceder por primera vez a presidir Euskadi en 2012, cuando recuperó la Lehendakaritza para el PNV tras tres años y medio de gobierno socialista, había desarrollado toda su carrera política relacionada con la vida interna del PNV, aunque fue parlamentario autonómico entre 1994 y 2007.

Hasta entonces su único cargo público ejecutivo fue el de director de Juventud de la Diputación de Bizkaia entre 1987 y 1994, y en el Parlamento Vasco su principal labor fue presidir la comisión de Derechos Humanos entre 1999 y 2007, las legislaturas en las que Juan José Ibarretxe fue lehendakari, y en las que esa comisión elaboró la declaración de reconocimiento a las víctimas del terrorismo.

A los 23 años, en 1984, ya era miembro de la ejecutiva del PNV en Bizkaia, en la que permaneció de forma prácticamente ininterrumpida hasta 2007. Desde que empezó en política formó parte del grupo de jóvenes cuadros del PNV de Bizkaia, llamados entonces «jobuvis» (acrónimo de jóvenes burukides vizcaínos) que fue tomando el mando del partido en este territorio.

Urkullu accedió a la presidencia nacional del PNV en diciembre de 2007, cuando fue el candidato de consenso entre los dos sectores del partido tras el abandono de la política de su antecesor, Josu Jon Imaz.

Dejó la dirección del Partido Nacionalista Vasco en 2012 para ser lehendakari, cargo que desde hoy ejercerá por tercer mandato consecutivo. EFE


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