Por Augusto Borderas

Era el 21 de junio de 1813. El ejército imperial francés, que ha ocupado España desde 1807, se retira. Un cuerpo de ese ejército con el Rey José Bonaparte ha abandonado Madrid y por la ruta Burgos-Miranda está a punto de alcanzar Vitoria, ciudad clave en el Camino Real hacia Francia.

Napoleón Bonaparte, uno de los personajes señalados de la historia de Europa y del mundo, había dominado prácticamente todo el territorio europeo, salvo las Islas Británicas.

Su audacia, su decisión, sus maneras, y desde luego, su ambición habían puesto de rodillas a reyes, emperadores y gobiernos. Pero su soberbia había cometido un fallo terrible: la campaña de Rusia. En junio de 1812, por haber abierto el Zar sus puertos a los barcos británicos, Napoleón invade Rusia.

En septiembre está en Moscú, pero el Zar y su gobierno abandonan la capital y no firman la paz. El ejército imperial se retira. La desmoralización y ‘el general invierno’ destrozan ‘la Grande Armée’ y la derrota en la Beresina, medio año antes de la Batalla de Vitoria, pone en peligro su situación en la Europa ocupada y, desde luego, en España. Las Cortes de Cádiz sitiadas en esa ciudad andaluza -“con las bombas que tiran los fanfarrones, hacen las gaditanas tirabuzones”- habían terminado la Constitución el 19 de marzo de 1812: ‘Viva la Pepa’.

El ejército inglés, que ha desembarcado en Portugal, y está al mando de Sir Arthur Wellesley, Duque de Wellington, ha ido derrotando a los franceses, y en los meses previos a la Batalla de Vitoria es ya un potente ejército con fuerzas aliadas: portuguesas, inglesas y españolas.

Previamente, tras las batallas de Ciudad Rodrigo, Badajoz y Los Arapiles, los aliados entran en Madrid (agosto de 1812). Dejando una guarnición aliada en la capital intentan, infructuosamente, apoderarse de Burgos en octubre de 1812.

Tras la retirada invernal a Portugal, se reanuda la campaña en mayo de 1813. Por Zamora y Palencia llegan a Burgos y cruzan el Ebro el 15 de junio de 1813, por la zona Oña-Frías, siguiendo lateralmente el camino de los franceses, que el 16 pasan por Miranda y llegan a Vitoria el 19.

Las fuerzas francesas acampan en la llanada de este lado del Zadorra, desde Durana a Nanclares y desde Ariñez a Mendiola. Son los ejércitos del centro, oeste y Andalucía, unos 57.000 hombres y unos 140 cañones. Infantería, caballería, artillería, lanceros, húsares, mulas, cocinas, más de mil carros, carretas, carrozas, coches de viaje, equipos de cirugía de campaña, piensos y suministros, y un inmenso etc., entre lo que se incluyen obras de arte, joyas, vestidos, los fondos de las soldadas, instrumental de los herreros, artilleros, escritorios de los Estados Mayores. ¡Imposible describir todo esto en medio del desbarajuste, de la batalla, de la huída, de los cañonazos, de los animales por los campos, de los incendios, de los heridos, del pillaje! Al otro lado del Zadorra, en la línea Araca, Abechuco, Foronda, Mendoza, Nanclares, Montevite, está el ejército aliado: ingleses, portugueses y españoles, unos 78.000 hombres, con 96 piezas artilleras.

Los aliados, que ocupan las alturas hacia Badaya, Estarrona, Apodaca y Araca, dominan el campo. La caballería anglo-española corta la salida de los franceses por Durana hacia Arlabán y Bergara: el Camino Real hacia Francia.

La batalla dura toda la mañana del 21 de junio, el duelo artillero es el mayor de la guerra porque el ejército francés en retirada ha reunido toda la artillería disponible. Las nubes de pólvora inundan el cielo de la Llanada.

A media tarde, la situación es insostenible del lado napoleónico. La desbandada proporciona uno de los pillajes históricos más sensacionales: todos se detienen para robar. Una caravana de unos 3.000 carruajes, un atasco de casi 18 kilómetros, hace imposibles las maniobras de aproximación y de huída.

La carroza del Rey José Bonaparte, su bastón, vestidos, joyas, han caído en manos inglesas. Miguel Ricardo de Álava y Esquivel, el General Álava, entra en la ciudad y advierte y defiende a los vitorianos del pillaje. Él y Wellington pasan esa noche en Vitoria antes de continuar la persecución de las tropas napoleónicas hacia Pamplona.

La Batalla de Vitoria ha terminado: 1.500 muertos, unos 8.000 heridos y un inmenso botín es el resultado. Al otro lado de Europa, un genio de la música como Ludwig Van Beethoven compone en Viena una melodía en su honor: Die Schacht bey Vittoria. La Batalla de Vitoria o Sinfonía Guerrera. Estrenada el 8 de diciembre de ese mismo año de 1813, en la capital austríaca.

Nuestra ciudad había entrado en la historia de Europa.

Napoleón Bonaparte

Es el responsable del histórico acontecimiento, la guerra de la Independencia, en la que la Batalla de Vitoria fue decisiva.

Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio (Córcega) en 1769. Solo un año después de que esta isla, del reino de Piamonte, pasara a ser francesa. Hijo de Carlo B. y Letizia Ramolino era el segundo de 8 hermanos.

Estudia con una beca en las Academias Militares de Brienne y Paris, en las que ingresó con 10 años y terminó de subteniente con 16, en 1785. Pero ya sus profesores lo habían calificado como “enteramente dominado por el egoísmo, ambicioso, aspirante a todo, atraído por la soledad”.

En Francia estalla la Revolución. Asaltan la Bastilla, 14 de julio 1789, el rey Luis XVI es guillotinado, 21 de enero de 1793.

La nación es ya republicana, los extremismos, los altercados, los vaivenes de la política son constantes. Las otras naciones europeas están preocupadas por la revolución y actúan: Gran Bretaña, Austria, España y Prusia atacan a Francia. Napoleón, un joven comandante de artillería de 24 años defiende Toulón de los ingleses y termina con éxito y como general de brigada.

Pero Napoleón es también un oficial culto, educado en el siglo de las luces, de la Enciclopedia, de Voltaire, de Rousseau, que ha leído a los clásicos, a Montesquieu, a Corneille, a Montaigne y el Digesto del Derecho Romano.

Es audaz y ambicioso, pero no es un cualquiera. La convención ha ganado la guerra: Paz de Basilea, Francia mejora sus fronteras, la orgía revolucionaria se calma con la guillotina para Robespierre. Surge el Directorio y Bonaparte es enviado a Italia como general.

La campaña de Italia, 1796, es un éxito tras otro: Arcole, Rivoli, Campo Formio. Dinero y obras de arte llegan a una Francia exhausta tras la revolución.

Napoleón es un triunfador, y en medio del frenesí del éxito decide atacar a Inglaterra, organizando una expedición a Egipto, ¡que amenace a la India!.

La expedición, política y militarmente, es un fracaso, pero no artístico: el arte egipcio deslumbra a Europa y Champolion descubre la piedra de Rosetta, que permite traducir los jeroglíficos.

En Paris se ha pasado del Directorio al Consulado y Napoleón es ya Primer Cónsul. Pero no le basta y por fin el 2 de diciembre de 1804, y en presencia del Papa Pío VII, se coronó “Emperador de los franceses”.

Pero los 5 años (1799-1804) del Consulado han sido de una gran actividad política y administrativa: prefecturas, códigos civil y penal, organización de la enseñanza, museos, las universidades publicas, el Concordato con la Santa Sede, la modernización de las ciudades. Y también la creación de un enorme ejercito.

Pero su obsesión es la derrota de Inglaterra. Bonaparte vence a todos en tierra, pero sufre la derrota en la mar, Trafalgar 1805, noticia que recibe durante la espectacular victoria de Austerlitz.

Tras las batallas de Jena, Friedland, Eylaud, ha dominado a toda Europa pero su problema es Inglaterra y ordena el bloqueo de todos los puertos europeos a los buques británicos, pero como no tiene armada, decide conquistar Portugal, ultima aliada de Inglaterra. Con el consentimiento español (Tratado de Fotainebleau, octubre 1807) las tropas napoleónicas entran en España. Cerca de 200.000 hombres: franceses, alemanes, italianos, holandeses, belgas, suizos, polacos, irlandeses, y ¡hasta egipcios!, que al mando del Mariscal Murat pasan por Vitoria.

Los conflictos entre padre e hijo Carlos IV y Fernando VII, terminan con la llamada al orden por Napoleón. Fernando VII llega a Vitoria el 13 de abril de 1808, y el 19 parte para Baiona. Carlos IV y Maria Luisa hacen noche en Vitoria el 28. El 30 de abril son recibidos por Napoleón.

Pero el 2 de mayo estalla el levantamiento en Madrid. El abuso y el dominio francés son absolutos. Una atroz y sanguinaria guerra se ha desatado.

Napoleón manda a su hermano José como rey de España y éste llega a Vitoria el 12 de julio de ese año. Y a Madrid el 20.

Dos días después un ejercito francés, que se dirige a Andalucía es derrotado en Bailén, por el general Castaños. José I vuelve a Vitoria.

Napoleón está indignado, su hermano José es un débil “et l´Espagne est un pays de brigands, avec l´ Inquisition”.

Napoleón llega a Vitoria el 5 de noviembre de 1808 y se aloja en la casa del banquero Cuesta, frente al Prado. Sigue camino de Madrid a donde llega, gracias a la victoria de su caballería polaca, el 5 de diciembre. Al final de mes está de vuelta en Paris. Pero la reacción española anima a Inglaterra a desembarcar un ejército en Portugal, ahora ingleses, portugueses y españoles van a humillar la audaz insolencia del emperador.

Su orgullo insensato queda destruido en la inútil campaña de Rusia, 1812. Vitoria en junio y la Batalla de las Naciones en Leipzig en octubre 1813, es el principio del fin. Elba, los 100 días y Waterloo el final.


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3 Comentarios

  1. Todavía hoy seguimos sufriendo el atraso que supuso el rechazar las ideas de progreso, igualdad y racionalidad que acompañaban a la revolución francesa. Los españoles volvieron a elegir el absolutismo, la ignorancia y el catolicismo más reaccionario que nos mantienen tan alejados de Europa.

  2. José I de España, hombre culto, pacífico, hizo muchas reformas en la atrasada e inculta España que rechazaba a los ilustrados de las Luces, llamándolos afrancesados como: Ferran Sor i Muntades, gran guitarrista, violinista y compositor de ópera, Francisco Cabarrús, antiguo responsable de finanzas, Mariano de Urquijo, Secretario de Estado, también escritores, el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín, eruditos, Juan Antonio Llorente, el matemático Alberto Lista, burócratas y militares.
    Al final de la contienda, tuvieron que emigrar a Francia al exilio entre 10.000 y 12.000 españoles que habían colaborado con José I.

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