No entra ni el tato al museo de Vitoria ¡Obras a la calle!

El Artium de Vitoria, que esta semana celebra su vigésimo aniversario, ha instalado en sus espacios exteriores cuatro esculturas de gran formato de Nestor Basterretxea que han sido cedidas por la familia del escultor y que se incorporan a la colección del museo.

Conocidos son los problemas del Museo para recibir visitantes. Así que han decidido ponerlo fácil a los ciudadanos sacando obras a la calle. Ya veremos si cuentan como usuarios a todos los viandantes que circulen por allí paseando, haciendo la compra… Y eso que ahora es gratis.

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OBRAS

Se trata de cuatro piezas policromadas, creadas en los años 60 y 61, realizadas en hierro y acero corten, que habían permanecido en el jardín del caserío de Idurmendieta en Jaizubia (Hondarribia), lugar que fue estudio y vivienda del artista hasta su muerte en 2014.

Las piezas, que han sido sometidas a un proceso de restauración, pertenecen a una época transcendental en la trayectoria de Basterretxea, de transición desde la pintura hasta la escultura, según ha informado Artium en una nota.

La instalación de las cuatro obras, que se han colocado en la plaza interna de Artium y en la entrada de la Biblioteca junto a la calle Prudencio María Verástegui, «ha sido posible gracias al deseo de la familia del artista de facilitar su cesión mediante comodato».



5 Comentarios

  1. Me parece muy buena idea , instalar obras en el exterior.
    Pero tienen razón en que no entra ni el Tato y el que entra sale con cara de decepción.

  2. Dpm. Se lo han puesto a huevo a los trajinantes de chatarra con fragoneta, tanto los de clan autóctono como alóctono, que pululan por todas partes a suputabola.

  3. Con pocas excepciones, el interes cultural de nuestra querida Gasteiz por los museos, no es precisamente una seña de identidad. Exceptuando visitas escolares y algún tour turístico programado para foráneos, no creo haber visto nunca colas para entrar en ningúno de ellos. Y ya dentro, tres o cuatro gatos suele ser lo habitual.
    La visita a la antigua Catedral de Santamaría con su plan Director, que se puso en marcha hace años, y que además de bonita, interesante e instructiva, te permite ver la evolución de la restauración, y de la que todo el que va suele salir encantado, no la ha visitado ni la centésima parte de su población.
    Y es que el Artium tiene una ubicación en la que no hay otros alicientes para los turistas. La oferta hostelera ha sido muy pobre en los últimos años y no tiene vistosidad. La terraza del restaurante le da vidilla y funciona como reclamo.
    Otra cosa es que el personal pase de las esculturas y prefiera una laja de pizarra con un pintxo encima y su cerveza, en la terraza y bajo la sobrilla.
    Confiemos en que todo cambie en un futuro cercano y se animen, antes o después del vermouth, a ver más allá de la preciosa lámpara de la entrada.
    Ya que estamos aquí….

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