Menores magrebíes agreden en Vitoria a jóvenes homosexuales

La Ertzaintza ha detenido esta mañana a tres menores, dos 17 años y otro de 16, -de origen magrebí- por presuntamente haber agredido a dos chicos a los que además han proferido insultos de carácter homófobo mientras les golpeaban.

Alrededor de las seis de esta mañana, varias dotaciones policiales han acudido al Casco Viejo de Vitoria-Gasteiz ya que se había tenido conocimiento de que dos personas habían sufrido una agresión.

PUÑETAZOS Y PATADAS

Las víctimas, dos jóvenes de procedencia latinoamericana, han informado a los y las agentes de que habían salido de un establecimiento de ocio de la zona de Coronación y, cuando se encontraban en las inmediaciones del Centro Cívico de Aldabe, han sido abordados por tres chicos que los han tirado al suelo y les han propinado varios puñetazos y patadas. Según han manifestado, mientras les golpeaban les habían proferido insultos en los que se aludía a su condición de homosexuales.

Minutos más tarde, en la calle Siervas de Jesús, eran localizados y arrestados los tres presuntos autores de esta agresión. Se trataban de dos menores 17 años y uno más de 16, de origen magrebí.

Los detenidos quedarán a disposición de la Fiscalía de Menores una vez que se finalicen las diligencias policiales correspondientes.

EDITORIAL | Violencia que exige respuestas, no excusas

Otra madrugada más en Vitoria-Gasteiz deja un rastro que debería incomodar a cualquiera: dos jóvenes agredidos a puñetazos y patadas, acompañados de insultos homófobos, y tres menores detenidos como presuntos autores.

No es un incidente aislado ni una anécdota de fin de semana. Es un recordatorio de que la violencia —la física y la que se expresa en forma de odio— sigue instalada en nuestras calles.

Cuando unos adolescentes se sienten legitimados para atacar a otros por su orientación sexual, el problema trasciende lo policial.

Habla de un clima social que se degrada, de una impunidad percibida, de una falta de límites que se convierte en riesgo para todos. Y mientras tanto, las víctimas vuelven a casa con golpes, miedo y la sensación de que algo se está rompiendo.

La Fiscalía de Menores tomará ahora el relevo, pero la reflexión colectiva no puede esperar.

La convivencia no se sostiene sola. Y cada agresión que se normaliza, cada insulto que se tolera, cada acto violento que se minimiza, nos aleja un poco más de la ciudad que decimos querer.

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