Actualización:EFE).- La dirigente de ETA Soledad Iparraguirre, Anboto, ha asegurado que «aún no pertenecía a la banda» en 1985, año en que se produjo un intento de atentado en el polideportivo de Mendizorroza (Vitoria) contra agentes de la Policía Nacional por el que este martes ha empezado a ser juzgada en la Audiencia Nacional.
A preguntas de su defensa, tras negarse a responder al fiscal, Anboto ha negado de esta forma su integración en el comando Araba, al que se atribuye este atentado frustrado, y ha expuesto que por aquel entonces estaba intentando «rehacer su vida» tras una detención anterior en la que, ha dicho, fue «torturada».
Sin embargo, uno de los presuntos integrantes de ese comando, José Miguel Suescun, que estuvo 20 en prisión por este atentado frustrado, ha contradicho su versión y ha reconocido que ella le pidió ayuda para confeccionar un artefactos explosivo para esa acción terrorista.
Este es el tercer juicio contra la dirigente etarra desde su entrega por Francia y se enfrenta a una petición del fiscal de 488 años de cárcel: 23 por cada uno de los veinte delitos de asesinato frustrado, otros 23 por delito de atentado a agentes de la autoridad y 5 años por estragos.
Ante su negativa de haber participado en los hechos, por los que ya han sido condenados otros miembros de ETA, el presidente del tribunal ha observado que en el sumario consta que se encontraron sus huellas en los vehículos que iban a usarse de coche bomba.
Anboto ha respondido que no sabe cómo llegaron allí, ya que fue en los años 90 cuando decidió dejar su trabajo habitual para dedicarse a la banda terrorista ETA.
Por estos hechos ya han sido condenados el exdirigente de ETA José Javier Arizcuren, Kantauri, y los miembros y colaboradores del comando Araba José Ignacio Gaztañaga, Carlos Torrecilla, el exertzaina Santos Berganza y José Miguel Suescun.
En su declaración como testigos en el juicio, Gaztañaga y Berganza han coincidido en afirmar que la acusada no formaba parte del comando.
El primero ha señalado que no conoció a la acusada dentro de la organización, pero el presidente del tribunal le ha tenido que recordar que en su declaración de marzo de 1988 dijo lo contrario, y este se ha justificado en que el motivo del cambio de su versión es porque «le obligaron a decir que conocía a Marisol».
Berganza por su parte ha mantenido que no había ninguna mujer en el comando Araba.
Suescun ha sido por tanto el único que la ha situado en el comando y ha relatado que la conoció bajo el sobrenombre de Angelines.
Según su relato, estuvo alojada en su casa junto a otra persona que se hacía llamar Andrés y la acusada le pidió ayuda para confeccionar una bomba -compuesta por 25 kilos de goma 2 y 100 kilos de tornillería- yendo a recoger con ella tornillos a unas vías de tren.
También ha confirmado que la acompañó al polideportivo para controlar la afluencia de gente y la cantidad de policías, y ha añadido: «Me alegré de que el atentado no fuese efectivo».
Uno de los agentes que se encargó de buscar uno de los vehículos robados utilizados para perpetrar el atentado ha declarado que la bomba que encontraron en el interior «era muy potente y podía haber afectado a la tribuna del estadio».
Según las conclusiones provisionales del fiscal, el atentado tenía como objetivo acabar con la vida de «un número no determinado de miembros de la Policía Nacional» que formaban parte del servicio de vigilancia que iba a prestarse con motivo del encuentro entre los equipos de fútbol de Vitoria y Lérida.
Kantauri fue el encargado de colocar el artefacto explosivo en uno de los vehículos, y Anboto fue quien lo dejó aparcado en las inmediaciones del polideportivo con el temporizador conectado, indica el escrito.
Sin embargo, finalmente desistieron de perpetrar el atentado por miedo a ser detectados.
EFE.- La dirigente de ETA Soledad Iparraguirre, Anboto, afronta este miércoles su tercer juicio en la Audiencia Nacional tras su entrega por Francia.
Se enfrenta a una petición del fiscal de 488 años de cárcel por su presunta participación en un atentado frustrado contra un dispositivo de la Policía Nacional en el polideportivo de Mendizorroza (Vitoria) en 1985.
Este juicio iba a celebrarse el pasado 24 de noviembre pero se tuvo que suspender por el fallecimiento del padre de un abogado.
El fiscal pide para ella 23 años por cada veinte delitos de asesinato frustrado, otros 23 por delito de atentado a agentes de la autoridad, y 5 años por estragos.
Los hechos ocurrieron el 19 de mayo de 1985 cuando Anboto integraba el comando Araba junto a los ya condenados por estos hechos Francisco Arizkuren, Kantauri, José Ignacio Gaztañaga, Carlos Torrecilla y el exertzaina Santos Berganza.
La intención del «comando» con esta acción era la de «causar la muerte de un número no determinado -no inferior a 21- de miembros de la Policía Nacional, todos ellos componentes del servicio de vigilancia que iba a prestarse con motivo del encuentro entre los equipos de fútbol de Vitoria y Lérida, y que constaba de tres furgonetas policiales con una dotación de siete agentes cada una».
Según relata el fiscal, los terroristas tenían previsto hacer estallar un artefacto explosivo antes de la hora de comienzo de la competición, a las 17:00 horas del 21 de mayo de 1985.
Todo ello, añade, «con intención no solo de acabar con la vida de los policías, sino también de causar importantes destrozos en los vehículos policiales y otros automóviles allí estacionados, así como en las propias instalaciones deportivas».
Para la confección de la bomba -compuesta por 25 kilos de goma 2 y 100 kilos de tornillería-, la procesada contó con el concurso de otras personas ya condenadas por estos hechos, Santos Berganza y José Miguel Sueskun, en cuya casa se alojaba.
Los etarras sustrajeron además dos Seat 124 a punta de pistola y mantuvieron a sus propietarios bajo vigilancia de otros miembros del comando en las cercanías de BerRostegieta hasta que Kantauri permitió «soltarlos» horas más tarde.
Kantauri fue el encargado de colocar el artefacto explosivo en uno de los vehículos que previamente habían preparado los etarras, y Anboto fue quien lo dejó aparcado en las inmediaciones del polideportivo con el temporizador conectado.
Poco después, en las primeras horas de la tarde, pidieron a sus compañeros que controlasen la zona del polideportivo, lo que estos cumplen, «observando la afluencia de público al estadio y la presencia de muchos policías».
Finalmente les comunican que la «cosa esta mal» y Anboto se traslada hasta el estadio en dirección a Armentia, «pasando y repasando luego en sentido inverso la zona donde está colocado el coche bomba».
Ambos se apean del vehículo, hacen una comprobación y se vuelven a subir al coche para regresar al domicilio de Sueskun, «no sin antes recuperar el mando a distancia del otro vehículo 124».
La Policía, que ya está alertada por las sustracciones de los dos vehículos, había localizado sobre las 14.00 horas el coche bomba, que lograron desactivar los Tedax «con riesgo de sus vidas».
«Es por ello que la procesada y el resto del comando, ante la posibilidad de ser detectados (los cordones policiales se iban ensanchando alrededor del estadio y había cada vez más agentes en el lugar), desisten en realizar la acción. Los explosivos son destruidos».
Anboto, que fue detenida en Francia en 2004, ha sido ya condenada en España a 122 años de cárcel por ordenar el asesinato del comandante del Ejército de Tierra Luciano Cortizo en 1995 en León. EFE








