Le habría gustado "una respuesta más rápida" sobre el campamento alavés

Maialen Mazón, la mujer de 32 años asesinada en Vitoria en 2023, murió agarrada a la silla de su hija de dos años y medio -que estaba con ella cuando murió y que resultó ilesa-, según ha declarado en el juicio por este asesinato el hombre que encontró el cadáver.

Este martes se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Álava la segunda sesión del juicio con jurado popular contra Jaime R., acusado del asesinato a cuchilladas de su esposa, que estaba embrazada de gemelas en el momento de su muerte.

El crimen se cometió en la tarde del 27 de mayo de 2023 en un apartahotel de la capital alavesa pero no fue descubierto hasta el día siguiente. La hija en común de dos años permaneció sola junto al cadáver de su madre 18 horas.

Durante ese tiempo familiares de Maialen trataron de contactar con ella y al no conseguirlo se preocuparon. La pareja sentimental del padre pidió a sus hijos la mañana siguiente al crimen que trataran de localizarla y, tras buscarla por la calle, finalmente acudieron al apartahotel.

Agarrando la silla de la niña

El primero en subir a la habitación fue el hijo pequeño, que día antes había iniciado una relación con la joven y que al encontrarse con la escena del crimen salió «gritando». Subió entonces su hermano mayor, que vio a Maialen «tirada en el suelo agarrando la silla de la niña», según ha declarado hoy en el juicio.

Este hombre, que trabaja en Osakidetza, comprobó que la mujer no tenía signos vitales y se acercó después a la cuna, donde la niña estaba dormida y en buen estado, aunque «meada hasta arriba» por el tiempo que había pasado sola.

El testigo ha explicado que su hermano «se estaba ilusionando» con la incipiente relación con Maialen, que según ha dicho, le había comunicado su intención de poner fin a su matrimonio con el acusado.

Los dos hermanos han necesitado tratamiento psicológico tras lo ocurrido: «A día de hoy la escena del crimen se me aparece cada día», ha dicho el mayor. El menor dijo ayer en la primera sesión del juicio que Maialen y él habían empezado a enamorarse.

También ha declarado por videoconferencia un emprendedor con el que Jaime mostró interés en invertir. Durante meses intercambiaron mensajes en los que el acusado le daba cuenta de las sucesivas rupturas y reconciliaciones con Maialen.

Su impresión fue que era ella quien quería romper la relación, a él le vio «muy desesperado porque no le dejaba ver a la niña» e incluso le dijo «que se quería quitar la vida». Jaime R. también le comentó que la víctima «había puesto a su familia en contra de él».

Durante la sesión de hoy ha declarado una mujer que el día del crimen coincidió por la tarde con el acusado y su hija en un bar cercano al apartahotel mientras Maialen estaba en la habitación. Las hijas de ambos, de edad similar, comenzaron a jugar, lo que motivó que Jaime iniciara una conversación con la mujer y su grupo de amigos.

Según ha dicho, el acusado les dijo que había discutido con su mujer y había decidido salir a dar una vuelta con la niña. A medida que pasaba la tarde, Jaime, que tomó al menos dos copas, «se puso más pesado y más hablador» y aunque era capaz de «mantener una conversación normal», también tuvo «la sensación de que estaba borracho».

Gritos e insultos

Un hombre que se alojó en el apartahotel el fin de semana del crimen ha relatado que la tarde del sábado oyó desde el pasillo cómo la pareja se insultaba mutuamente, así como el llanto de un niño o una pequeña.

Dos camareras han relatado que días antes del crimen cuando la pareja acudió a sus respectivos locales ella estaba «muy enfadada e inquieta» y la vieron «secándose las lágrimas» mientras que él se mostraba «insistente, pesado». A una de ellas le llamó atención que pese a su embarazo ella bebiera vino y fumara «un cigarro tras otro».

Jaime R. se enfrenta a una petición de cárcel de 25 años por asesinato con alevosía y ensañamiento, con las agravantes de parentesco y género; 8 años por cada uno de los dos delitos de aborto y 4 por abandono de menor. La defensa pide la absolución por trastorno mental transitorio.

El acusado tenía una orden de alejamiento y Maialen figuraba como víctima de ‘riesgo extremo’ en el sistema estatal de seguimiento de casos de violencia de género, VioGen, pero la Ertzaintza rebajó su calificación a ‘riesgo bajo’. Este caso llevó a la Policía vasca a cambiar sus protocolos de actuación en estos casos. EFE

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