El Ayuntamiento de Vitoria ha reconocido un «posible error» que tuvo afecciones con gargantas irritadas en una piscina, según denuncias ciudadanas hace una semana.
«En las piscinas cubiertas de Mendizorroza hay un fuerte olor a productos de limpieza o cloro que es tóxico…
irrita la garganta y provoca tos ,y molestias, reza la denuncia ciudadana
El Ayuntamiento ha salido al paso y reconoce que «tras la comprobación realizada sobre esta situación, nos trasladan que posiblemente un error en el funcionamiento en el sistema de renovación del aire ambiental de la piscina, haya sido el causante de la afección que no indica».
Ya está «solucionada», y desde el Consistorio confían que que «no debería haber afección alguna».
CONCLUSIÓN EDITORIALEl Ayuntamiento admite que “posiblemente” hubo un error y asegura que “no debería haber afección alguna”.
Pero ese lenguaje condicional revela justo lo contrario de lo que la ciudadanía espera: certeza, transparencia y prevención.
Cuando hablamos de instalaciones públicas, y más aún de espacios cerrados donde hay menores, deportistas y personas vulnerables, la obligación institucional es actuar de inmediato, comunicar con claridad y anticiparse a cualquier riesgo.
Aquí no ha ocurrido así. Los avisos han llegado desde fuera (ciudadanos), no desde dentro, y eso evidencia una falta de control que no puede normalizarse.
La ciudadanía no está para ejercer de sensor de seguridad; para eso existen protocolos, técnicos y responsables públicos.
Y si algo falla, lo mínimo es informar de forma proactiva, no a posteriori y con matices.
La confianza se sostiene con hechos, no con “debería”. ¿Va a revisar el Ayuntamiento los protocolos de ventilación y comunicación para que un episodio así no vuelva a repetirse?










