Opinión por Álvaro Martínez

El alcalde de Vitoria-Gasteiz es un niñato político. Cree que el Ayuntamiento de la ciudad es su chiringuito para jugar a casitas y poner banderas o quitarlas cuando le plazca.

La ley es muy clara. Las banderas se ponen sí o sí. Te guste o no. Ni bodas, ni chorradas. Me da igual el color de la enseña.

Las banderas se dejan donde están, no vaya a ser que venga un juez y te la líe.

Pero al señorito andaluz de Vitoria le parece que puede ordenar quitarlas cuando él quiere y ponerlas cuando le place. Como si fuera su cortijo, y resulta, que en este caso es la casa de todos los vitorianos. No la suya.

Pero lo más grave es que lo ha hecho en la boda de un familiar. Lo que convierte la situación en algo ajeno a la política, en un contubernio de interés personal, que le cuestiona notablemente para el ejercicio de su cargo.

Eres un impresentable político, Gorka. Mi ciudad está muy mal representada contigo. Le das mala imagen. Molestas. ¡Vete ya!

Por cierto, capítulos de bodas familiares hay alguno más. Pero eso, para otro día. Cuando te lo merezcas, que falta poco.

¿Verdad Gorka? Juegas pulsos… te los cogemos. Todos.


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