El consejero de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, Iñaki Arriola, ha asegurado que la calidad del aire que se respiró en Euskadi en 2018 fue buena o muy buena, según los datos recogidos por las 53 estaciones de control y seis unidades móviles repartidas por distintos municipios vascos.

Arriola ha dado a conocer las principales conclusiones del Informe de Calidad del Aire que elabora anualmente su departamento y que recoge que los principales elementos contaminantes del aire nocivos para la salud humana como el monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2), dióxido de nitrógeno (NO2), ozono (O3), benceno, metales pesados como el arsénico, cadmio y plomo, y el benzopireno, así como las partículas en suspensión, se mantuvieron en 2018 por debajo de los límites establecidos por la normativa internacional.

Arriola ha apuntado que los valores máximos de ozono (O3), se superaron en una ocasión puntual (por encima de 180 microgramos por metro cúbico) en la estación rural de Valderejo (Álava), el 3 de agosto pasado.

Sólo se detectaron, según ha especificado el consejero Arriola, tres valores puntuales altos de dióxido de azufre en las estaciones del barrio donostiarra de Añorga, donde está ubicada una cementera; en el monte bilbaíno Arraiz, donde se encuentra la incineradora Zabalgarbi, y en el barrio de San Julián de Muskiz (Bizkaia), municipio en el que se enclava la refinería de Petronor.

En estas estaciones de detectaron valores puntuales de 273, 271 y 263 microgramos por metro cúbico de aire. La normativa establece, ha precisado Arriola, que no se puede superar el límite de 300 microgramos más de 24 veces al año.

En lo referente al dióxido de nitrógeno o NO2, no se superaron los valores máximos permitidos en ninguna de las cinco estaciones donde se controla este elemento contaminante proveniente del tráfico en las capitales vascas como son las de Ategorrieta y Easo, en San Sebastián; la de la Avenida de Gazteiz, en Vitoria y las de María Díaz de Haro y Alameda de Mazarredo, en Bilbao.

En relación a la superación de los límites de N02 registrados puntualmente en 2017 en la estación de María Díaz de Haro de Bilbao, el consejero ha precisado que en 2018 los valores se mantuvieron por debajo del límite anual de 40 microgramos por metro cúbico.

En 2017 este límite se superó ocasionalmente en 3 microgramos, mientras que en 2018 el promedio de emisiones registradas de este agente contaminante en dicha calle bilbaína fue de 39 microgramos por metro cúbico de aire aspirado.

Las mediciones de este agente contaminante en el resto de estaciones se situaron en el rango comprendido entre 22 y 30 microgramos por metro cúbico.

En lo referido a la presencia de partículas en el aire y de monóxido de carbono (CO), los niveles se mantuvieron dentro de los límites permitidos y, en el caso del CO, muy por debajo de los valores máximos.

Respecto a la contaminación ambiental por metales pesados, Arriola ha precisado que en la estación de la localidad vizcaína de Erandio, donde existen numerosas industrias y un astillero, fue donde se registraron los valores más altos de cadmio, níquel, plomo y benzopireno.

El consejero ha admitido que los principales puntos de preocupación respecto a la calidad del aire respirado por los vascos sigue estando en los núcleos urbanos vascos debido al tráfico rodado y ha apuntado que en lo relativo a la contaminación originada por la actividad industrial se están consiguiendo «importantes niveles de control».

Por todo ello, el responsable del medio ambiente en Euskadi ha asegurado que «la calidad del aire que se respira en nuestras calles es buena o muy buena y, desde luego, no tiene nada que ver con la polución y los malos humos que se respiraban en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado en las áreas habitadas próximas a los principales núcleos industriales de Bizkaia y Gipuzkoa».

El consejero ha revelado también que este año se ha invertido 1,3 millones de euros en la mejora de los sistemas de control ambiental del departamento, entre los que se incluye la compra de una nueva unidad móvil dotada con los adelantos de última generación que, entre otras cosas, puede detectar contaminantes que generan mal olor y determinar su procedencia. EFE

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