Por  Javier Domaica (EFE).- Asier Garitano no pudo desarrollar lejos de Leganés el fútbol que tantos éxitos le dio con el conjunto madrileño y que no logró cuajar ni en la Real Sociedad ni en el Deportivo Alavés, su equipo hasta este domingo, cuando el club vitoriano anunció su destitución.

El entrenador bergarés llegó al club babazorro en mayo de 2019 para sustituir a Abelardo Fernández, que tan buen recuerdo y poso dejó en el seno albiazul tras salvar de la quema a un equipo que no encontraba su sitio.

La llegada del técnico guipuzcoano se vio con buenos ojos en el entorno alavesista, a pesar de que no logró desarrollar su idea futbolística en una Real Sociedad con cotas altas. Precisamente fue el Alavés de Abelardo el que le puso la puntilla a Garitano en el equipo donostiarra, tras 17 partidos en el curso 2018-19.

Meses después, aquel entrenador acabó en el banquillo albiazul. Al equipo le costó arrancar, pero una vez que el preparador guipuzcoano encontró su «once» ideal, el equipo tuvo más identidad para empezar a puntuar, aunque siempre tuvo ese debe lejos de Mendizorroza.

El 4-4-2 era prácticamente un fijo cada fin de semana y apenas variaban las piezas del Alavés de Garitano.

El técnico sacó chispas a la dupla que formaron Joselu Mato y Lucas Pérez, quien empezó cayendo demasiado a banda, pero el técnico enderezó su juego acercando a ambos arietes.

En cambio, lo que conseguía en casa lo perdía fuera y no logró una regularidad y un juego con tanta huella como el que se le vio en aquel Leganés que subió de Segunda División B a la élite con el vasco al frente del vestuario.

El Alavés de Garitano, que se movía en la zona media-baja de la tabla, cogió aire en la jornada con un contundente 3-0 al Valladolid, precisamente el último rival de este entrenador en la segunda vuelta.

Encadenó este resultado con el primer triunfo lejos de casa. Un 0-2 en Eibar que le catapultó hasta la decimotercera plaza de una apretada clasificación.

Pero el primer borrón importante llegó en la Copa del Rey con la derrota ante el Real Jaén por 3-1 en la primera eliminatoria. Cayó como un jarro de agua en el club y en la afición.

Fue uno de los seis partidos consecutivos en los que los albiazules no lograron obtener una victoria en un diciembre negro que tambaleó el banquillo vitoriano y que coincidió con la grave lesión de Tomás Pina en Granada, que dejó huérfana la posición de creación en el centro del campo.

Pero Asier Garitano recuperó el crédito y acabó el campeonato antes del confinamiento con cinco puntos de nueve posibles y con un triunfo ante el Athletic, algo que siempre gusta en Vitoria. Fue suficiente para que la parroquia albiazul viera el objetivo de la permanencia como algo natural.

Sin embargo, el parón cambió al equipo. Los babazorros no encontraron su sitio y a pesar de que vencieron a la Real Sociedad para abrir un hueco que podía ser definitivo, los últimos resultados colocaron al club en un tesitura comprometida.

La entidad aguantó una semana más tras el 6-0 recibido en Vigo, pero los varapalos en casa ante Osasuna (0-1) y Granada (0-2) terminaron por agotar la vida deportiva en el Alavés de un Asier Garitano que se fue creyendo en su equipo porque «dependía de sí mismo». EFE


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