Hoy 31 de diciembre, por la cabeza de muchos, aparecen nuevas ilusiones de futuro. Todos quieren que el cambio de año deje atrás lo negativo y comiencen buenas nuevas. La consecución de un trabajo en tiempos de crisis o la mejora del que se dispone, es a buen seguro, uno de los líderes del ranking de deseos.

Además, la concurrencia de muchos candidatos a un mismo puesto laboral disminuye las opciones de resultar elegido, pero existen claves para presentar tanto un buen curriculum como para salir airoso de una entrevista personal. Basta con ser uno mismo y cuidar ciertos detalles como los gestos, el lenguaje, la apariencia y el orden. Aquí, unos consejos.

 

Un buen currículum es la mejor presentación

Los entrevistadores no quieren perder tiempo leyendo, así que hay que ponérselo fácil

 Conseguir un trabajo no es fácil y, a menudo, su consecución depende de muchas cosas. Sobre todo, del currículum que presente el candidato. De hecho, si no está bien redactado podrá cerrar de un plumazo las puertas a una entrevista personal, y por ende, al puesto al que se opta. Pero no hay motivos para alarmarse. Las claves del éxito son pocas: brevedad, claridad y orden.

Estos tres pilares se resumen en una regla de obligado cumplimiento: el currículum tiene que ser fácil de leer. Los expertos en selección de personal no quieren ni pueden perder el tiempo. Tampoco les hace ninguna gracia leer aspectos profesionales que, a la hora de la verdad, no se acreditan de ningún modo. Una situación que pasa más a menudo de lo que se cree, según apuntan desde las consultoras de recursos humanos.

Desde estas empresas se aconseja también a los aspirantes incluir una foto actual (si es en color mucho mejor), aunque no es vital para conseguir el puesto. Poner los datos personales, la experiencia laboral, la trayectoria académica e información relevante para el puesto es necesario. Para lograr una lectura ágil, hay que evitar en todo momento redactar con frases largas. Incluir los objetivos profesionales no está nunca de más.

La carta de presentación

Su uso no es imprescindible, pero sí muy recomendable. Los entendidos la interpretan como un documento de cortesía que complementa al currículum vítae aportando datos adicionales como las competencias y habilidades del candidato.

Por lo general consta de dos párrafos, el primero para describir las cualidades de la persona y el segundo para exponer los motivos que le llevan a desear un trabajo (desarrollo de la carrera profesional, sumarse a un nuevo proyecto empresarial…). Siempre deben aparecer el nombre y los apellidos al final del folio, acompañados de la firma, así como la empresa a la que nos dirigimos al principio.

La despedida tiene que ser cordial y se puede utilizar para pedir una entrevista en la que poder presentarnos mejor y aclarar ciertos datos de interés. Al igual que el currículum, para ser eficaz debe ser breve y concisa, y nunca repetir informaciones que ya aparecen recogidas en éste. La creatividad tiene también cabida en la carta, es más, se exige que la haya.

 

Factores fundamentales:

  1. Lo bueno, si breve, mejor

No debe importar no reflejar todo lo que se ha hecho antes del puesto al que se opta. En la entrevista personal habrá tiempo de entrar en detalles. Ahora toca ser sugerentes con los datos que más se ajustan a la oferta y que hacen ser los mejores para ella.

  1. Claro y ordenado

El currículum debe despertar las ganas de ser leído, y nada mejor para ello que dejar espacios libres entre los distintos apartados. El uso de negritas y de guiones facilitan la lectura, aunque no conviene abusar. Ojo con recurrir a frases, no se trata de redactar, sino de esquematizar.

  1. Dos mejor que uno

La carta de presentación no es fundamental. Pero es mejor entregarla. Complementa al currículum reflejando aspectos más emocionales y creativos, que pueden inclinar la balanza a nuestro favor. No es descabellado pensar que cuantos más documentos incluyamos sobre nosotros, más cerca estaremos de ser recibidos de nuevo.

 

El momento más importante se produce frente al entrevistador

En una entrevista, por duro que parezca, un candidato se reduce a lo que habla y lo que viste, y más en una sociedad proclive a la ‘primera impresión’

 Una vez superada la primera criba, toca la entrevista personal. Es el momento de darlo todo, ya no vale describir la experiencia profesional en unas líneas. Hay que dar la cara y demostrar al interlocutor que se es perfectos para el puesto, tanto en el uso del lenguaje como en la forma de vestir. ¿Pero cómo hacerlo?

El principal consejo es ser naturales. No hay que acudir al despacho vestidos de algo que no se es, sobre todo, porque se pierde comodidad. Ahora bien, no hay que olvidar que cada trabajo exige un atuendo determinado, por ejemplo, los que tratan con público. En estos casos, y en todos en general, la elegancia se da por descontado, lo que se traduce en llevar traje ellos, y traje o falda y americana ellas.

La importancia de los colores

Los complementos y el uso de ciertos colores dan información relevante sobre el aspirante, pero lo mejor es lucir tonos sobrios y nunca dar la nota.

El peinado hay que cuidarlo pero no es recomendable hacer experimentos de última hora para mejorar el aspecto. Atención también con pagar un traje carísimo y no planchar a penas la camisa. Cada detalle se analiza, no hay que olvidarlo.

En cuanto al modo de expresarse ante el entrevistador, lo correcto es ser fluidos en el vocabulario. Emplear un lenguaje rico se complementa con el saber argumentar y ser coherente con lo que se dice, lo que a menudo implica tomar un tiempo en pensar las respuestas adecuadas. También se valora mucho hablar lo justo (en los momentos que hay que hacerlo) y siempre en clave positiva.

Escuchar al interlocutor atentamente es decisivo para no meter la pata o irse por las ramas en las explicaciones. Lo que cuenta y se espera del aspirante es que responda con informaciones claras, concretas y ágiles. Ése debe ser el objetivo primordial. Por supuesto, también que sea honesto y sincero. No tragarse las palabras al hablar y desterrar los tecnicismos son otras claves de éxito.

 

Manos, ojos, sonrisa… todo vale para ser elegido

Los seleccionadores de personal estarían perdidos sin ellos, pero el aspirante también ha aprendido a sacar partido a los gestos

 El lenguaje no sólo responde al habla, también al cuerpo. La mirada o la forma de sentarnos en una silla tienen una gran importancia a la hora de ser elegidos para un trabajo. Al fin y al cabo, gracias a ellas se puede saber, según afirman los expertos, si una persona está mintiendo, si es o no simpático o si su forma de ser se adecúa al puesto deseado. El problema está en ser conscientes de que los gestos están ahí para jugar a favor del candidato.

Por ello, puede ser útil ensayar por cuenta propia en casa antes de una entrevista. Por ejemplo, observando cómo mover las manos. Hay que jugar a ser políticos y acompañar la palabra de movimientos que trasladen justo lo que se quiere decir. Cuidado con abusar de este recurso y de otros eficaces como mirar directamente a los ojos del entrevistador, no vaya a ser que se sienta incómodo. ¿Lo ideal? Mantener el contacto visual de forma natural. Una sonrisa constante puede ayudar enormemente.

Asentir cuando nos hablen para demostrar que entendemos también da puntos. Por el contrario, nunca hay que manifestar falta de interés, ni siquiera si se sabe que se rechazará el puesto porque no se ajusta a lo pensado en un inicio. Tampoco hay que denotar ansiedad, los nervios pueden jugar una mala pasada. Si se siente inseguridad, es probable que no se pase a una segunda entrevista. Derrochar superioridad, producirá el mismo efecto.

La postura

En cuanto a la postura corporal, atención a sentarse en el borde del asiento. Hay que hacerlo en el medio, buscando la comodidad pero también una pose elegante y recta.

Los cambios posturales están permitidos, pero no si se hacen varios en pocos minutos. No dejarán de parecer nervios mal controlados. Cuesta mucho estar relajado, pero no hay nada mejor en un proceso de selección.

Los pies, por su parte, deben estar apoyados en el suelo. No hay que moverlos mucho, ni siquiera si son lo único que nos queda para reducir tensiones una vez desechados lo complementos, que están totalmente prohibidos para los que no saben qué hacer con los dedos.

 

 ¿Cuánto quiere cobrar?

En un interrogatorio para lograr un puesto laboral, es la cuestión que más miedo despierta, pero no si se sabe cómo responder

 Las personas tienen miedo a muchas cosas en la vida, sobre todo a ciertas preguntas comprometidas. Si encima las formula un extraño del que depende la incorporación a una empresa, los nervios se acrecientan. ¿Cómo es tu jefe actual?, ¿cuáles son tus mayores defectos? Son cuestiones que nadie sabe muy bien cómo responder. Como tampoco a la más habitual de todas en una entrevista: ¿Cuánto quieres cobrar?

Ante eso, hay que ser prudentes y no dar una cifra concreta, aunque se tenga muy claro que por debajo de equis euros no vamos a coger el trabajo. Lo mejor es moverse siempre en una franja salarial, marcando un mínimo y un máximo. De todos modos, se puede salir por la tangente explicando que lo importante en estos momentos no es el dinero sino otros objetivos como, por ejemplo, tener la oportunidad de aprender una profesión.

No obstante, lo habitual es que el entrevistador pregunte primero cuánto se cobra ya, más si se trata de candidaturas para puestos directivos.

Pregunta el candidato

Si llegado el final de la entrevista, aún no se formulado la pregunta, tendrá que hacerla el aspirante. Éste tiene todo el derecho a saber el sueldo. El único consejo que se da en estos casos es no preguntar antes de interesarse por cuestiones relativas al trabajo como, por ejemplo, las funciones a desempeñar.

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