Nos llega la carta de un vitoriano del barrio de Abetxuko, que por su interés, reproducimos íntegramente (EL FINAL ES APOTEÓSICO):
CARTA:
Los «pichis» reclaman que Abetxuko les pida perdón públicamente
Pido perdón. Como vecino de Abetxuko que fui, es necesario que lo haga.
Pido perdón por estar convencido de que la convivencia está basada en el respeto mutuo, y a las normas establecidas.
Pido perdón por considerar a todas las personas igual, y juzgarlas por lo que hacen, y no por lo que son.
Pido perdón por considerar que la solidaridad es ayudar enseñando, y no regalar inutilizando.
Pido perdón por considerarme responsable de mis actos, y no culpar de ellos a los demás.
Pido perdón por considerar mi obligación levantarme todos los días a las seis de la mañana, para poder sobrevivir al día a día, y contribuir con parte de mi esfuerzo al mantenimiento del sistema.
Pido perdón por intentar aplicar a mi vida y la de los míos el sentido común, y no dejarme llevar por las corrientes ni los credos.
Pido perdón por respetar las instituciones y contribuir a su mantenimiento.
Pido perdón por cumplir estrictamente la ley, hasta cuando protesto
Pido perdón por sentirme orgulloso de que la ciudad donde vivo tenga posiblemente la mejor cobertura social del país, donde nadie se queda sin cubrir las necesidades básicas, siguiendo los cauces establecidos para ello.
Pido perdón por sentir pasión por el barrio donde nací y me crié, pasión por su gente, por su particular idiosincrasia, donde conviven hoy personas de diferentes ideas, diferentes credos, diferentes culturas, diferentes caracteres, sin que todo ello suponga problema alguno.
Pido perdón por sentirme ofendido cuando me quieren enseñar con caramelos, lo que yo aprendí con fuego.
Pido perdón por intentar tener criterio propio, y sentirme en paz con mi conciencia
Pido especialmente perdón, por cumplir mis obligaciones, antes de exigir mis derechos.
Intentaré cambiar, dejaré de trabajar, de pagar mi hipoteca, mis impuestos. Dejaré de cumplir las normas, cogeré todos los atajos posibles para tener lo necesario sin esfuerzo, cogeré el brazo de quien me de la mano, dejaré de respetar las normas y a las instituciones y me las saltaré cuando me venga en gana.
De verdad, intentaré regenerarme. Así podré exigir respeto, así se pondrán de mi lado asociaciones, estamentos públicos, medios de comunicación, corrientes de opinión… Así removeré conciencias y tendré de mi lado a las personas “correctas”.
De esta forma marcaré yo las pautas, y todo serán derechos, sin que nadie me pida nada a cambio. De esta forma dejare de ser un número más, y se me tendrá en consideración.
Pido perdón, cambiaré….









Somos muchíiiiiiiiiiiiiiiiiimos los ciudadanos que pensamos como él y estamos rozando ya el límite de lo soportable. ¡Estamos hartoooooooooos!.
Esto es lo que van a conseguir estos mediocres e incapaces responsables públicos: que emigremos lejos de Euskadi o que acabemos por pasar de todo y todos.
Esta carta expresa exactamente lo que pensamos la gran mayoria de ciudadanos de Vitoria-Gasteiz.
Enhorabuena a la persona que la ha escrito por sintetizar tan bien la opinion de la mayoría.
Efectivamente, yo también pido perdón y también pienso regenerarme.
Si todos hacemos esto, ¿Qué pasaría?…….
ESTOY DE ACUERDO, DESDE AHORA PIDO PERDÓN E INTENTARÉ REGENERAME. ¿A DONDE VAMOS A LLEGAR?
Es exactamente lo que esta pasando, se ha perdido la education la moral y la verguenza,dan mas guerra y les hacen mas caso.
Cuidado….me parece bien la carta, la entiendo, es comprensible pero no pongamos en la misma bolsa a todos aquellos que reciben ayudas y muchos (en realidad la mayoría de ellos) luchan por salir de una renta básica que apenas les da para sobrevivir y no garantiza un futuro a sus hijos. Hay MUCHA desinformación al respecto propiciada por la manipulación política de los hechos y a la larga se pone en riesgo la mejor y única Cobertura social realmente consciente, la de Euskadi. En el resto del país la gente pasa verdadera necesidad, o sea HAMBRE. Cuidado no fomentemos por unos pocos sinvergüenzas el desprecio a todas las personas en riesgo de exclusión, que muchas ya la pasan mal para además sumar a ello sentirse despreciadas. En tal caso fallan los responsables de llevar un control, un seguimiento y un apoyo a la inserción. Vale la pena aclarar.
No me sorprende para nada esta carta , se venia venir desde hace muuucho tiempo atras