La ilusión de un niño por recoger su billete de manos del conductor acaba derivando en un intenso debate ciudadano sobre normas, carritos y sentido común en Vitoria.
Lo que parecía un tranquilo viaje en la línea 11 de Tuvisa terminó convirtiéndose en uno de los debates del día. La negativa de un conductor a permitir el acceso de una silla infantil vacía provocó una queja paterna y, posteriormente, una animada discusión pública.
Según la versión de la persona afectada, el autobús apenas contaba con cuatro viajeros y no existían problemas de espacio, por lo que la decisión resultó incomprensible.
NORMA
La respuesta no tardó en llegar. El conductor implicado defendió que la silla, al ir vacía, debía acceder plegada y por la puerta delantera (no por el medio), conforme a la normativa. También aseguró que se ofrecieron explicaciones que no fueron atendidas y que el incidente acabó provocando retrasos innecesarios.
EMPATIA O NORMAS
Como suele ocurrir en estos casos, la opinión pública se dividió entre quienes apelan a la empatía y quienes recuerdan que las normas están precisamente para cumplirse. Entre los comentarios destacó una comparación cargada de sarcasmo: si un carrito vacío puede viajar porque el autobús va casi desierto, quizá el siguiente paso sea transportar una nevera aprovechando la baja ocupación.
LA ILUSION
Mientras tanto, la verdadera víctima del conflicto parece ser la ilusión de un niño que simplemente quería subir al autobús sin discusiones ni conflictos y recibir su billete del conductor.










