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OPINION: Hay semanas en las que uno siente que el partido ya está jugado antes de que ruede el balón. Basta escuchar a la afición del Athletic estos días para comprobarlo: creen que el sábado ya han ganado al Alavés sin despeinarse, como si el duelo fuese un trámite, una especie de entrenamiento con público.

La frase más repetida en Bilbao es casi un mantra: “Nos encanta que siga el Alavés en Primera, así tenemos asegurados seis puntos”.

Seis puntos asegurados. Así, con esa suficiencia. Como si el fútbol fuese una hoja de cálculo y no un deporte que castiga la soberbia con una precisión quirúrgica.

Porque conviene recordar algo que en Bilbao se menciona poco: el año pasado iban igual de confiados… y perdieron 0-1 en San Mamés. Un baño de realidad. Un golpe seco. Una cura de humildad que, por lo visto, no ha dejado cicatriz.

La confianza es un arma de doble filo

El Athletic llega fuerte, sí. Pero llega también con esa sensación de superioridad que tantas veces les ha jugado en contra. En su cabeza, el Alavés es ese vecino pequeño al que se le gana por inercia. Un equipo que “viene bien” para sumar sin sufrir.

El problema es que el Alavés, cuando le miran por encima del hombro, se crece. Se vuelve incómodo, áspero, competitivo. Y en San Mamés, cuando el Athletic baja un punto de intensidad porque “esto está hecho”, el Alavés suele encontrar su oportunidad.

El recuerdo del 0-1 pesa… aunque en Bilbao hagan como que no

La victoria del año pasado no fue casualidad. Fue un aviso. Un recordatorio de que el fútbol no entiende de frases hechas ni de puntos asegurados. Y que el Athletic, cuando se confía, se vuelve vulnerable. Este sábado vuelve a repetirse el guion: ellos creen que ya han ganado; nosotros sabemos que ahí empieza la posibilidad de ganarles.

El Alavés no regala nada

El equipo de Quique Sánchez Flores no es el típico rival que se deja llevar por el ambiente de San Mamés. Es ordenado, disciplinado y, sobre todo, competitivo. No necesita dominar para hacer daño. No necesita posesiones eternas para generar peligro. Le basta con esperar el error del rival… y el Athletic, cuando se siente superior, suele cometerlos.

La soberbia es el mejor aliado del Alavés

Por eso este partido tiene un aroma especial. Porque el Athletic llega con la confianza por las nubes, y el Alavés llega con la memoria fresca: cuando ellos se creen que ya han ganado, es cuando más se les puede ganar.

Que sigan pensando que son seis puntos asegurados. Que sigan celebrando antes de tiempo. Que sigan mirando al Alavés como un trámite.

A veces, la mejor motivación es escuchar al rival hablar demasiado.

3 COMENTARIOS

  1. No he oído semejantes comentarios en Bilbao. El Alavés es un equipo querido y que siempre es bien recibido. No hay ningún motivo para que no sea así. Que yo sepa las relaciones entre ambos clubs son excelentes y entre las afines también.

    • No se oye eso (aunque seguro que somos muchos los que lo pensamos) pero tampoco es un equipo querido (y tampoco particularmente odiado). De hecho es un equipo que no da ni frío ni calor en Bizkaia, en todo caso bastante frío e indiferencia. Un equipo que se ha tirado 5/6 de su existencia en Segunda. Un vecino extraño y desconocido debido a su escasísima presencia en Primera, el derbi más desapasionado de todos sin ninguna duda. El derbi les pone mucho más a ellos, que para eso somos el grande. Si el derbi fuera una salsa es la que menos nos excita untar a nosotros y en la que más quieren mojar ellos el pan.

      • Aquí no pone nada.

        De hecho juraria que el Alavés se tiró 5/6 esos fuera de primera con tal de no tener que ir a bilbao y no escucharlos. Pierdes unas cosas pero se gana en calidad de vida y tranquilidad.

        Que se ponen muy pesados creyéndose que nos importan. Hoy ya los dejamos por imposibles.

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