(EFE).- Cada año en Euskadi se produce una media de 850 paradas cardiorrespiratorias extra hospitalarias y más del 80 % de los pacientes muere antes de llegar a un centro sanitario, un porcentaje que disminuiría si se generalizaran las técnicas de resucitación cardiopulmonar y se utilizaran desfibriladores.
Esta conclusión es parte de un estudio de la Universidad del País Vasco (UPV) en el que se apuesta por incluir en el currículum escolar una materia sobre primeros auxilios para enseñar a los escolares a aplicar con rapidez la cadena de supervivencia ante situaciones de emergencia sanitaria.
El estudio, dirigido por Sendoa Ballesteros, profesor del Departamento de Enfermería de la UPV, analiza los conocimientos y actitudes que sobre la resucitación cardiopulmonar y los desfibriladores externos automatizados tienen los vascos.
La mayoría de la población comparte la necesidad de recibir formación para realizar una correcta asistencia ante una parada cardiorrespiratoria, aunque algo más del 40 % no reconocería un desfibrilador externo automatizado (DEA).
A diferencia de otras comunidades autónomas, en el País Vasco cualquier persona está legalmente capacitada para acceder a un DEA, un elemento que puede ser fundamental para salvar una vida.
De hecho, recuerda el estudio, la actuación de las personas que se encuentran junto a quien sufre una parada cardiorrespiratoria puede ser decisiva. «Por ello, el mero hecho de aumentar el número de desfibriladores de acceso público no mejora los datos de supervivencia si las personas no se sienten capacitadas para utilizarlo», asegura Ballesteros.
En el País Vasco, la primera normativa reguladora del uso de desfibriladores para personal no médico es de 2005 y en 2011 se consideró a toda la ciudadanía directamente acreditada para el uso del DEA.
Por ley tienen que contar en sus instalaciones con un desfibrilador los grandes establecimientos comerciales, las instalaciones de uso público con aforo superior a 700 personas, estaciones de autobuses y ferrocarril con poblaciones de más de 50.000 habitantes, estaciones de metro, tren o autobús con una afluencia media diaria de 2.000 personas y centros educativos con un aforo igual.
«Ya que los pasos legales para implantar y autorizar el uso de los desfibriladores están dados, es necesario sensibilizar a la población para que conozca qué hacer ante una persona que presenta un ataque cardiaco», añade.
Recuerda que países como EE.UU., Japón y Suecia han desarrollado programas que permiten el acceso público a los desfibriladores y que dan formación generalizada a la población en técnicas de resucitación, medidas que han logrado aumentar la supervivencia de las personas que sufren una parada cardiorrespiratoria.
En este sentido, un 37 % de las personas encuestadas en el País Vasco aseguran haber recibido formación, un porcentaje que queda lejos del de países como Eslovenia, donde casi un 70 % de la población tiene conocimientos sobre la manera de actuar en una resucitación cardiorrespiratoria.
Junto con la formación, el reciclaje también es importante, ya que la mayor parte de las personas que en Euskadi realizaron cursos de capacitación lo hizo cinco años atrás, «un tiempo excesivo ya que sabemos que este tipo de habilidades se olvidan con rapidez», concluye Ballesteros. EFE







