14 anomalías jurídicas en los carteles del tranvía de Vitoria-Gasteiz

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IMQ – Marzo 19
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Un artículo de J.R. Chaves, que vino a Vitoria al Congreso de Abogacía la semana pasada, y publicado en la web de temática jurídica contencioso.es, desvela 14 fallos en los carteles del tranvía de Vitoria. Os presentamos a continuación el análisis del abogado.

1.- No está en lenguaje claro pues entre tanto colorín, negrita y espacios, y columnatas de idiomas, resulta difícil entenderlo cabalmente sin la Piedra Rosetta.

2.- Se penaliza“Viajar sin billete con uno no válido o sin cancelar”. Me parece que lo que debería ser reprochable“Viajar con uno no válido o cancelado”, pues si está sin “cancelar” es que resulta válido. Una errata quizá, pero nadie se molesta en corregirla pese a la cantidad de viajeros diarios del tranvía y del propio inspector/revisor.

3.- Lo de viajar sin billete “válido” no es muy correcto pues un billete caducado o vencido, o ya usado, técnicamente es “Válido” pero no eficaz, sin que por eso deje de ser válido. Bastaba con decir sin billete“idóneo, eficaz o vigente”.

4.- Viajar sin billete conllevará al infortunado, y tomen la calculadora: 20 euros de pago inmediato mas 50 euros en concepto difuso. De entrada, no entendemos la razón de que el 1,50 euros que cuesta el billete se convierte por arte de birlibirloque en… ¡20 euros!.

5.- Tampoco se entiende que se adicionen… ¡50 euros!. Cuando parece lógico que los 20 euros ya incluían el recargo. Es una especie de banderillazo. No sabemos si es recargo, interés, multa coercitiva o qué.

6.- El principio de proporcionalidad chirria, pero bien, pues pasar de 1,50 a 70 euros representa una subida de mas del 4600%.

7.- No se indica el fundamento reglamentario o legal de tales cantidades. Ni la de los 20 euros de incremento ni la de los 50 euros de penalización. ¿Por qué no 100 o 500, o 50.000? No estaría de más, que igual que se cita la Ley del Sector Ferroviario de 2003, esgrimir el amparo normativo de tal medida o su artículo –si lo hay- para saber a que atenerse.

8.- Y si el atribulado pasajero, que puede haberse colado o bien no haber entendido las instrucciones o bien haberlo perdido, no lleva encima esa “pequeña suma” (todos llevamos 70 euros en los transportes urbanos, claro) pues se le amenaza:“El impago dará lugar a la presentación de denuncia administrativa y la imposición de una sanción de hasta 6000 euros”. Veamos. Correcto que el impago dará lugar a la presentación de denuncia administrativa pero el verbo imperativo “dará lugar” se aplica también a la “imposición de una sanción”, lo que dibuja en el denunciado la condena anticipada e inexorable a 6000 euros… ¡por el crimen del 1,5 euros del tranvía!. U se olvida que si hay o no lugar a la imposición de sanción se verá tras la tramitación del expediente con todas las garantías.

 

9.- Además la Administración utiliza publicidad engañosa e intimidatoria pues alude a que se impondrá una sanción de“hasta 6000 euros”, y es que lo cierto es que para las “faltas leves” el máximo es de 6000 euros, o sea, que bien podría decirse lo correcto: “De 1 a 6000 euros”, puesto que el máximo está reservado para infracciones extremas y cualificadas por las agravantes expuestas por la propia Ley: repercusión social para la vida y medio ambiente o seguridad de la infracción, intencionalidad, reincidencia, etc.

10.- Es cierto que se tipifica como falta leve en el art.90.2 e, de la Ley de Servicio Ferroviario de 2003“e) Viajar sin título de transporte o con título que resulte insuficiente en función de las características del viaje y condiciones generales de contratación establecidas que sean de aplicación, así como el uso indebido del título que se posea o viajar en lugares distintos de los habilitados para los viajeros.”,pero se regula un procedimiento sancionador. El procedimiento sancionador no es un juego ni algo potestativo: es una garantía. Esa es la condición inexcusable para poder sancionar, sin atajos.

11.- No se sabe que autoridad, órgano o entidad firma o asume la responsabilidad del citado “anuncio o advertencia”. Un anónimo.

12.- Al pillado “in fraganti”, sin billete o caducado, el cartelito no le ofrece ni detallan las condiciones de “pago express” pues no se contempla un mínimo plazo para buscar la cantidad, ni se explica si se puede pagar con tarjeta de crédito ni si son posibles algún tipo de justificación (fuerza mayor, estado de necesidad, etc).

13.- Por supuesto el “cartelito” no dedica una sola línea a indicar posibles vías de reclamaciones, recursos o similar. No hay garantías para el infractor.

14.- Para finalizar, no es cuestión baladí que todo ese despliegue de cañones frente al pasajero caradura se apoye en la Ley de Ferrocarriles de 2003 que tiene por objeto el servicio ferroviario de interés general, lo que cuestiona su aplicación a los tranvías urbanos sin la existencia cuanto menos de un reglamento específico que fije los derechos y deberes de los usuarios y el fundamento para tan onerosas medidas. Tampoco entraremos para no hacer sangre en las potestades del Euskotren, sociedad de capital público de la Administración autonómica vasca que gestiona el servicio y cuyos empleados en régimen laboral cuentan con “licencia para recaudar manu militari”, sancionar o como diantres se quiera calificar esos “castigos revolucionarios” a los criminales de subir sin billete o caducado al tranvía.

III. De ahí que estamos ante una actuación en un servicio público, que para un fin legítimo (que paguen los viajeros) se salta todo procedimiento y además utiliza un tono intimidatorio. Se olvida que aunque un servicio público se preste por entidad privada o pública, los derechos del usuario derivados o que comprometan su derecho de acceso o permanencia, se pueden hacer valer ante el concesionario en vía contencioso-administrativa.

No quiero imaginar la vía de hecho de un frío revisor frente a un perplejo turista que no entienda la máquina de expedir billetes y le advierta aquél que o paga 70 euros o le denuncia y pagará 6000 euros.

Pero hay que ver lo positivo. Al menos, a nadie se le ha ocurrido, aplicar a los pasajeros sin billete la vieja ley de los polizones en alta mar del siglo XVI referidas a tirarles por la borda o colgarles por los pulgares del palo mayor. Menos mal.

No me deja de sorprender el Estado de Derecho pero sí me sorprende que una ciudad como Vitoria, que recuerda la plácida Melrose Place se considere Guantánamo en cuanto a las garantías de los viajeros sin billete.

Y lo peor es que se empieza por las infracciones del tranvía y no quiero imaginar en otros ámbitos.

 

Fotos: contencioso.es y norte exprés

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