EFE).- La expedición española “Mars Gaming Northabout” ha renunciado al récord de superar el paralelo 86 a bordo de un velero para denunciar el cambio climático que vive el planeta.
El reto se ha llevado a cabo entre julio y agosto en el estrecho de Nares, pasaje de mar entre el Ártico canadiense y Groenlandia, justo bajo el Polo Norte, lugar donde querían aproximarse.
“Desde que alcanzamos Qaanaaq (Dinamarca) nos dimos cuenta de que el deshielo se había retrasado dos semanas respecto al año pasado”, explica el vitoriano Miguel Gutiérrez, director de la expedición, en una nota de prensa, a quien los habitantes de la zona advirtieron a su llegada de que “el paso hacia el norte tal vez ni siquiera se abriera”.
A pesar de todo, el grupo llevó a cabo un par de intentos de abrirse paso a bordo del velero de 15 metros Northabout, pero a la altura del Estrecho de Smith (79 grados de latitud), en Cabo Alexander y el enclave histórico de Etah, respectivamente, fueron rodeados por los bloques flotantes y a punto estuvieron de quedar atrapados entre unos bloques que se desplazaban a gran velocidad debido a los vientos.
Con esta situación, los expedicionarios regresaron “a repensar la estrategia a la aldea de Siorapaluk, la más boreal de Groenlandia, con el ánimo por los suelos”, pues veían que el sueño se desvanecía.
Por otro lado, otro de los retos, alcanzar el Polo geomagnético, también era imposible debido a que la bahía de Rawlins, desde donde pensaban partir, se encontraba bloqueada por el hielo.
“El acceso al norte estaba bloqueado, pero es que además, otros bloques móviles de banquisa se desplazaban a toda velocidad hacia el sur amenazando con cerrar la bahía de Robertson, donde se había refugiado el velero”, relata Gutiérrez, quien reconoce que tenían “la moral muy baja”.
Finalmente, tomaron la decisión de esperar mientras exploraban las montañas vírgenes junto al casquete polar Manson, en la isla de Ellesmere, el ártico canadiense.
“Fue una decisión acertada, porque al poco de escapar de Siorapaluk toda la bahía se bloqueó y descubrimos una bahía sin cartografiar al oeste del cabo Norton Shaw”, recuerda el vitoriano.
“Era como un Edén, estaba llena de focas, narvales, belugas y osos polares”, agrega el explorador.
Consiguieron tomar imágenes en una apuesta complicada porque había muchos osos polares que incluso atacaron las embarcaciones de los expedicionarios.
Así las cosas, el equipo se trasladó en una navegación arriesgada debido a los movimientos veloces de hielo y al mal tiempo a las aldeas de Grise Fiord y Qaanaaq -en Canadá y Groenlandia respectivamente- con el afán de dar prioridad al rodaje y a la toma de imágenes.
“Después de todo nuestro objetivo principal es mostrar la belleza de esta tierra y de sus gentes, y después elaborar un audiovisual de denuncia para poner nuestro granito de arena contra el cambio climático”, zanja Miguel Gutiérrez.
El grupo está formado por los marinos Mike Stewart, Nikolai Litau y Aitor Basarrate; la médica, María Valencia; el fotógrafo, Rafa Gutiérrez; el operador de cámara, Javier Zardoya; el ingeniero aeronaútico Manuel Mallo y el director del proyecto, Miguel Gutiérrez.


