Era el 1 de julio del año 2009, a las cinco y cuarto de la tarde una tormenta de granizo descargó sobre Vitoria piedras del tamaño de huevos pequeños.
Coches abollados, cristales rotos y muchos desperfectos fueron el peaje del acontecimiento meteorológico que castigó entonces a la capital alavesa. Todavía hoy circulan coches abollados por aquella granizada en Vitoria.







