«Ante todo, nuestro máximo reconocimiento a la labor tanto del voluntariado como del grupo de trabajadoras y trabajadores sociales de la Cruz Roja: vuestra infinita paciencia, permanente sonrisa, el apoyo y cariño que nos habéis dado será algo que jamas olvidaremos. Un millón de gracias, de todo corazón.
Servicio para 26 personas
Tres meses, pasan ya de los tres meses que una buena parte de las personas ‘sintecho’ de Gasteiz estamos confinadas por la puñetera ‘pandemia coronavírica’. Primero en aquel indecente ‘polideportivo’ de Pío Baroja (entre otras lindezas, un wc para 26 personas), para pasarnos posteriormente hace ya más de 70 días a que nos estabularan en el frontón de Lakua. Estabuladas y estabulados, sí: como el ganado en invierno.
Los menús
Recogidos en un pabellón desayunando café más seis galletas, comiendo puré y pescado y cenando pescado y puré… salvo excepciones, que las hay… excepcionalmente. Bueno, y pollo y pavo, y pavo y pollo, cuando viene.
Hacinados como el ganado
Van ya cien días así, 50 personas, juntas no: hacinadas. Durmiendo sobre ‘camas de campaña’ ideadas para acomodamiento provisional en situaciones de emergencias puntuales (incendios, inundaciones…), es decir, para pasar sobre ellas 5-6 días como máximo. A exactamente metro y medio las unas de las otras, sin intimidad ninguna (un biombo separativo, un panel que haga de pared), sin lugar donde dejar nuestras cosas (ahora al menos tenemos taquillas).
¿Dormir?
Así llevamos ya cien días, con sus puñeteras noches: imposible dormir más de cuatro o cinco horas seguidas entre quienes gritan en plena noche por sus pesadillas, los ronquidos, los puñeteros móviles, el atronador y desquiciante ruido del ¿aire acondicionado?…
Tres meses largos ya, cada cual de nuestro padre y nuestra madre. Distintas nacionalidades, problemas siquiátricos, personas tóxico-dependientes o alcohólicas, desarraigadas, paradas y mayores excluidas del sistema laboral… Y van ya más de tres meses. Cien largos días…
Humilladas y humillados: hasta hace tres semanas, si queríamos salir a comprar tabaco o un refresco teníamos que hacerlo a poder ser “en grupo”, y siempre “acompañadas” por alguna persona voluntaria de la Cruz Roja con su vistoso y llamativo chaleco rojo.
Leprosos
Nos limitaron las zonas “recreativas” –un jardín interior sin un toldo, carpa o velador donde poder estar o fumar cuando llueve– pues “los vecinos se quejan” de que nos ven… desde sus ventanas. “Leprosos”, nos han llamado… Así, más de tres meses ya.
Y pese a todo, lo hemos soportado. Todo eso, la muerte de nuestra compañera Yolanda (causas ‘naturales’, sí, pero si este no es lugar para nadie, menos para una persona con sus problemas de salud y psicológicos. En cualquier caso, el dolor fue inmenso).
Hemos lidiado con ataques de ¿compañeros? pasados o faltos de alcohol u otras drogas, con trastornos y arrebatos mentales… Todo lo hemos sabido encauzar. Lo hemos sobrellevado, y, para la disparidad y cantidad de personas (hasta 50) que aquí nos hallamos recluidos hemos tenido un numero de incidentes asombrosamente bajo. Hemos pues demostrado que podemos, y sabemos, llevar una convivencia pacífica. Que no somos bestias, que sabemos guardar las formas y cumplir las normas por muy abusivas que estas hayan llegado a ser.
Vamos, que no resultaría tan complicado ‘reintegrarnos’ en esta, nuestra sociedad… Tan sólo necesitamos lo mismo que antes de la pandemia: ser debidamente atendidas y atendidos en ‘nuestros’ servicios sociales; un techo, fundamentalmente, y apoyo o seguimiento para quienes lo precisemos; tratamientos contra nuestros malos hábitos –a cambio de dicho techo–; oportunidades laborales; una siquiatría que no se base exclusivamente en ‘empastillarnos’ permanentemente…
Más, ahora que por fin esta pesadilla va llegando a su final, nos sentimos tremendamente angustiados y angustiadas con nuestro futuro. Tras múltiples promesas (“se realojará a todas las personas”, “habrá planes específicos de reinserción”…), lo cierto es que pese a las mentiras de los responsables máximos de los servicios sociales del Ayuntamiento de Gasteiz, estos continúan con la misma dinámica que antes de la pandemia: no nos escuchan ni vienen por aquí, y cuando muy raramente lo hacen (3 veces, una hora cada vez) es para darnos largas…
¿Se dan cuenta dichos servicios sociales de la oportunidad única que han tenido durante estos más de tres meses para hacer un seguimiento personalizado de nuestros problemas? Nos han tenido juntas a la mayoría de las personas usuarias… ¿Por qué no han venido a vernos, ha preguntar qué es de nuestras vidas, pensar que solución se puede plantear a nuestra situación persona a persona? De aquí, ¿a dónde se supone que iremos? ¿Otra vez al Aterpe, a Casa Abierta, al soportal, a aquel cajero automático?
Nosotras pensamos que una crisis tan grave como la vivida se podría al menos aprovechar para solucionar en gran medida otra grave situación, ésta cotidiana: darnos al menos una oportunidad para reengancharnos a la sociedad, salir del agujero a que situaciones diversas nos empujaron. Sacar algo positivo para nosotras y nosotros, y para el resto de la ciudad.
Tan sólo pedimos que, tras estos más de tres meses, no nos coloquen de nuevo en la casilla de salida: no volver a la calle, a la miseria económica, al desprecio y el olvido… Tan sólo pedimos una oportunidad. Creemos sinceramente habérnosla ganado tras los más de tres meses, los más de cien días ya. Que no nos vuelvan a dejar tirados».







Mira majo…muche te quejas no?
Algunos no an tenido ni techo para cobijo.Sabes que te daría yo? Un poco y una pala…
Hasta donde yo sé, los gestores de cruz roja no dejaban entras a los servicios sociales… Creo que hay una pareja de educadoras de calle que no las dejaban entrar o tenían que hablar delante de ellos, porque yo lo he visito. Ha sido cruz roja quien ha hecho la distribución y demás y han aceptado del dinero municipal…
Mucha gente mayor de vitoria de todita la vida y muchos están peor. Sólitos y abandonados por sus familias y seguro que comiendo peor que esos. Por favor. Si das porque das si no das porque no das. Ya está bien
apoyo o seguimiento para quienes lo precisemos; tratamientos contra nuestros malos hábitos –a cambio de dicho techo–.
Y la gente sin malos hábitos y que no pide nada a cambio?
Si dieran techo, lo que deberían exigir es estar limpio, no tratamientos y encima un techo.
A mí nadie me da nada a cambio de pagarte tus tratamientos por malos hábitos…
Que quieren comer? Langosta? Pues que se la paguen como hace todo el mundo
Que selectos son algunos para no querer trabajar
Que puede hacer la Cruz roja si los usuarios empiezan a gritar? Drogarles, inmovilizarles? Decís que no es lugar para una persona con problemas psiquiátricos, y la calle es mejor? Quién se anima a acoger en su casa a una de estas personas? Se quejan de falta de intimidad? Y en un parque o en un cajero la hay? Acaso es malo la multiculturalidad? ponéis que había gente de distintas nacionalidades, y que? Pues como en cualquier lado. La comida es mala? Pues el pescado no es barato, en la calle se come mejor? En la calle se come? Tampoco van a contratar a Ferrán Adriá con el presupuesto que hay. Los vecinos se quejan?, pues normal, son gente conflictiva, aunque eso no da derecho a insultar. Hay mucha gente trabajando día y noche y que a veces sufre agresiones físicas, para ayudar a esta gente. No me parece normal las críticas a la gente que se deja la piel por ayudar a los más desfavorecidos. Es muy fácil criticar, todo es mejorable, pero a veces viene bien mirarse en el espejo
igarki,mirate tu y vete a ayudarles guapa