Oh là là, Ramiro González se afrancesa. Está en la nota de prensa oficial de esta semana. No es un drama, es una anécdota. Entre el terroir, la resiliencia vitivinícola y los ecosistemas culturales modelados por la sierra, parece que la Diputación Foral de Álava ha cambiado el Rioja por el Burdeos y el boletín por la carta de vinos.
El diputado general ya no gobierna, ahora marida. No aprueba decretos, degusta estrategias. Y no impulsa ayudas, cata resiliencias. El boletín oficial parece redactado por un sumiller con máster en semiótica rural.
Esta semana ha hablado de «terroir«. No es terror. Es terruño en francés. Y debiera saber que aunque tenga uso coloquial en el sector, no existe en la Real Academia de la Lengua.
- ¿Ayudas por mildiu? No, no. Son intervenciones estructurales para preservar la tipicidad varietal en contextos climáticos adversos.
- ¿Viñedos afectados? Se dice ecosistemas vitícolas en tensión fenológica.
- ¿800.000 euros? Eso es una inversión en la excelencia del terroir, mon ami.
- En vez de Consejo de Gobierno, parece sea el Comité de Appellation d’Origine Contrôlée.
¿Terroir o postureo afrancesado?
El concepto de terroir viene del francés y se refiere a la interacción única entre suelo, clima, paisaje y prácticas humanas que da identidad a un vino. En el mundo del vino, es sagrado. Pero en el lenguaje institucional, puede sonar más a postureo que a compromiso real.
- ¿Por qué usar “terroir” y no “territorio vitivinícola” o “identidad productiva”? Porque terroir vende. Tiene prestigio, evoca tradición, y conecta con mercados internacionales. Pero también puede parecer una forma de envolver ayudas mínimas en papel de regalo lingüístico.
- ¿Está el terroir en peligro o en campaña? Si realmente se quiere proteger el terroir, hay que hablar de relevo generacional, de transición ecológica, de precios justos y de soberanía productiva. No basta con citar su “mosaico de suelos” y dar unos pocos euros por hectárea.
Conclusión editorial
El uso de terroir en una nota institucional no es solo afrancesamiento: es un intento de vestir con seda lo que sigue siendo un parche. Porque si el mildiu arrasa y la ayuda es muy pequeña. Da igual cuántas veces digas microclima, tipicidad o sierra de Toloño. El viñedo no se salva con adjetivos, sino con políticas.
Usar terroir en una nota de prensa institucional es como usar “sostenibilidad” en una campaña de vuelos cortos: puede sonar bien, pero si no se acompaña de medidas estructurales, se convierte en humo retórico. El terroir no se defiende con palabras bonitas, sino con políticas valientes.











Este ya no sabe qué tontería hacer para salir en los periódicos. Verá que sorpresa se va a llevara a la próxima. A la próxima tontería no, a la próxima vez que haya que meter el papelito.