Los vitorianos exprimen este domingo las últimas horas de La Blanca, bajo el sol como toda la semana, antes de despedir la próxima madrugada a Celedón, cuya subida a la torre de San Miguel pondrá punto y final a las fiestas de este año.
No es que hayan sido las fiestas más cálidas: hace tres años se suspendió el último paseíllo porque hizo 40 grados, pero sí que el buen tiempo ha acompañado todos los días.
Poco han importado esta mañana los 30 grados que marcaban los termómetros a todo el gentío que ha inundado el centro para disfrutar de deporte rural, pelota, bolo alavés, comidas solidarias y, sobre todo, el desfile de los gigantes y cabezudos, con los cuatro reyes majestuosos de la baraja a la cabeza, que para eso Vitoria es la tierra de las cartas de Fournier.
Tras pasear por todo el centro, a la una y media ha sido la despedida para gigantes, cabezudos, caballos y sotas, acompañados por el estruendo de las bandas de gaiteros.
Menos ganas de pasear tenía la pareja de bueyes que, en el carrejo de la plaza de los Fueros, se resistía una y otra vez a arrastrar la piedra. Con paciencia, han acabado tirando de ella.
También ha habido reparto de raciones de patatas con chorizo elaboradas por la cuadrilla Basatiak, en una acción solidaria con el Banco de Alimentos, y de chorizo, a favor de Autismo Álava por la cuadrilla Los Alegríos.
Por la tarde los blusas y neskas protagonizarán su último paseíllo, que habrá que acortar en los próximas ediciones porque pasa de las cuatro horas.
Ya para la última noche de fiestas hay programados numerosos conciertos en distintos lugares de la ciudad, como el tributo a Estopa en la Plaza de la Provincia, un par de horas antes de que desde la plaza de la Virgen Blanca suba Celedón de regreso a la torre de la iglesia de San Miguel.
Seguro que la Virgen Blanca congregará de nuevo a miles de vitorianos para observar cómo el tradicional personaje creado en recuerdo del aldeano de Zalduondo hace el camino inverso del día 4 y asciende hasta la torre, de donde no regresará hasta el año que viene.
La procesión de las velas y una degustación de chocolate con bizcochos, ya de madrugada, servirá para endulzar la vuelta a la normalidad de los vitorianos, que empezarán la cuenta atrás para ver el próximo 4 de agosto bajar del cielo a su aldeano más querido. EFE








