Habrá protestas de inmigrantes en Vitoria. Las personas refugiadas e inmigrantes dicen que «sufren» en Euskadi situaciones de discriminación que se repiten en cuanto al trato que reciben por parte de los cuerpos policiales y cuando intentan acceder a una vivienda y a una cuenta bancaria, según un informe elaborado por Zehar-Errefuxiatuekin.
En la víspera del Día Internacional de las Personas Refugiadas, responsables de Zehar-Errefuxiatuekin y CEAR Euskadi han analizado en una rueda de prensa en Bilbao la situación de las personas refugiadas en el País Vasco y han anunciado movilizaciones para mañana en Bilbao y Vitoria y para el sábado en San Sebastián bajo el lema «Acoger sin discriminar».
En Euskadi, según los datos aportados, se produjeron en 2022 un total de 4.086 solicitudes de asilo. A 31 de mayo de 2023, esas solicitudes se elevan a 2.518. La concesión de protección suele rondar el 16 % en el País Vasco frente al 38 % en Europa.
En el País Vasco se ha concedido la protección temporal a más de 4.200 personas ucranianas, muchas de las cuales continúan viviendo en el País Vasco.
Durante el acto informativo, la coordinadora territorial de CEAR en Euskadi, Elena Valverde, ha recordado la tragedia de Melilla en la que fallecieron hace casi un año «al menos 37 personas» cuando intentaban cruzar el puesto fronterizo que separa Marruecos de Melilla y ha lamentado que «casi un año después estos graves hechos aún no han sido esclarecidos».
Ante ello, ha denunciado que «no se pueden abrir las puertas de manera ejemplar a las personas que huyen de un terrible conflicto como el que sufre Ucrania y al mismo tiempo cerrarlas a cal y canto de forma violenta a quienes tienen que escapar de otros terribles conflictos».
Respecto a las discriminaciones que inmigrantes y refugiados sufren en su día a día, las racializadas son las más afectadas.
En el informe de Zehar-Errefuxiatuekin, elaborado a partir del trabajo durante 2022 en seis municipios con grupos interculturales, se da prioridad, por su repetición y su afección en la vida de los afectados, a determinadas situaciones de discriminación que padecen.
Entre ellas, una de las más nombradas son «las identificaciones por perfil étnico» por parte de los cuerpos policiales.
La directora de Zehar-Errefuxiatuekin, Arantza Chacón, ha explicado que entre las prácticas discriminatorias por parte de los cuerpos policiales, se encuentran desalojos, detenciones de colectivos, paradas e identificaciones por perfil étnico y obstáculos en el acceso a procesos administrativos. Los más jóvenes sufren mayor número de paradas.
Respecto al acceso a la vivienda por parte de las personas migrantes y refugiadas, los promotores del trabajo han detectado que tanto inmobiliarias como particulares «niegan la visita a pisos o habitaciones, dificultan el acceso al alquiler u ofrecen infraviviendas» a este colectivo.
Familias monomarentales, grupos de jóvenes, mujeres con velo o subsaharianas, gente en situación irregular o personas perceptoras de RGI constituyen perfiles que tienen una especial dificultad a la hora de alquilar viviendas.
Según el trabajo, la imposición de condiciones abusivas (pedir tres meses por adelantado, subir el pecio de alquiler…) es uno de los mecanismos para evitar que las personas racializadas alquilen la vivienda. Una de las situaciones más repetidas es no admitir la RGI como fuente de ingresos aceptable.
Estos colectivos también sufren numerosas trabas y dificultades para abrir una cuenta bancaria, lo que les impide con frecuencia hacer pagos y recibir prestaciones, según el informe.
La joven Marie-Ange Bilihe, procedente de Costa de Marfil y residente en Bilbao desde hace cinco años, ha sufrido alguna de esas discriminaciones.
La joven cruzó el Estrecho por mar estando embarazada y comenzó una nueva vida en Bilbao, donde solicitó asilo, lo que le fue denegado tiempo después. Perdió entonces el trabajo al quedar en situación irregular y estuvo un año intentando que le alquilaran un piso, pero al verla, según ha relatado, las inmobiliarias le decían que «no».
Marie-Ange Bilihe se siente también discriminada cuando viaja en bus o metro o cuando va al parque son su hijo. «Te miran diferente y a veces, cuando hay sitio, no se sientan a tu lado y prefieren quedarse de pie», según cuenta.








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