EFE.- El PNV y el PSE conforman una histórica y sólida coalición que actualmente gobierna en las principales instituciones vascas, desde el Gobierno Vasco a las tres diputaciones, las capitales y los municipios más poblados.

Además, el PNV se ha convertido en el socio «más leal» del Ejecutivo de Pedro Sánchez, lo que apuntala aún más la coalición pese a algunas discrepancias en la gestión de la pandemia, ya superadas y que tuvieron más de pose y marcar perfil para la campaña que de «minicrisis».

Los dos partidos más antiguos, ambos con más de un siglo de historia, han compartido, siempre bajo el liderazgo del PNV, el Gobierno Vasco en numerosas ocasiones, empezando por la II República y el exilio para continuar con los gabinetes del lehendakari Ardanza y ahora con Urkullu de presidente.

Además, cuando comparten gobierno el pacto acaba por extenderse hacia «abajo», a las diputaciones y los ayuntamientos como en la actualidad, lo que refuerza el interés de ambos partidos por reeditar la coalición, ya que buscar otro socio alternativo para el Gobierno Vasco puede provocar una crisis en el resto de instituciones.

Los dos partidos, pese a la retórica declaración de que primero tienen que pronunciarse los ciudadanos en las urnas, ya han dejado claro que apuestan por reeditar el pacto, al que las encuestas otorgan una mayoría absoluta que no han tenido esta legislatura.

En estos momentos el PNV no parece tener otro socio a mano por el enfrentamiento que mantiene con EH Bildu y los cambios en las direcciones de Podemos y el PP vasco, ya que tanto Miren Gorrotxategi como Carlos Iturgaiz mantienen una beligerancia frontal con los jeltzales alejada de las posiciones de sus antecesores, Lander Martínez y Alfonso Alonso.

Los socialistas han dejado claro en reiteradas ocasiones que no contemplan para nada el tripartito de izquierdas que propone Elkarrekin Podemos y además romper en Euskadi con el PNV podría dejar en minoría al Gobierno de Sánchez en el Congreso.

En estos cuatro años la coalición ha funcionado sin problemas, pese a las tensiones que han surgido en algunos municipios de Gipuzkoa entre los dos socios y que las ejecutivas han acotado como problemas locales.

El caso más grave es el de Irun con la ruptura entre los dos socios en 2018, cuando el alcalde socialista, José Antonio Santano, cesó al portavoz del PNV como concejal de Urbanismo. Tras las elecciones municipales de mayo 2019 reeditaron el pacto pero solo duró medio año, hasta que el PSE sacó el presupuesto local con EH Bildu y Podemos.

El otro momento de fricción entre ambos ha sido reciente, con la gestión del estado de alarma a mediados de abril, cuando el PNV lo tildó de 155 encubierto y de proceso recentralizador.

Los problemas con los suministros médicos, el reparto de mascarillas y la «hibernación» de la economía, que el PNV logró aligerar, fueron los problemas que llevaron al lehendakari Iñigo Urkullu a afear a Sánchez en una conferencia de presidentes que no acordara con las autonomías las medidas a aplicar.

La secretaria general del PSE-EE y candidata a lehendakari, Idoia Mendia, reprochó al PNV la falta de lealtad y dos días después los socialistas escenificaron en el Consejo de Gobierno su malestar, aunque ya ese mismo día el portavoz del Ejecutivo, Josu Erkoreka, lo rebajó a discrepancias habituales en un gabinete de coalición.

Las relaciones entre el PNV y el PSOE en Madrid volvieron a mejorar desde entonces, aunque con choques como en el reparto del Fondo Covid para las autonomías sin convocar la Comisión Mixta del Concierto, y ni siquiera el pacto con EH Bildu para derogar la reforma laboral o los acuerdos con Ciudadanos quitaron a los jeltzales el papel de socio «preferente».

De hecho, el acuerdo con EH Bildu tampoco hizo mucha gracia al PSE-EE, que se apresuró a dejar claro que era puntual y que la derogación de la reforma laboral del PP no era una conquista de la coalición abertzale ya que formaba parte del acuerdo de gobierno con Unidas Podemos.


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