El colegiado pita penalti contra el Alavés y empieza el teatrillo de Osasuna. Raúl, número 9 de Osasuna, corre decidido, coge el balón y se planta en el punto fatídico como si fuera a lanzar él.
Miradita seria, pose de ejecutor, todo muy convincente. Mientras tanto, el verdadero tirador, Budimir, espera fuera del área como quien aguarda a que acabe la función para salir a escena.
La jugada tenía truco: estrategia navarra de paripé para evitar que algún rival se acercara al verdadero lanzador a soltarle comentarios, empujoncitos o malas artes de esas que se ven en otros campos. Una especie de “escudo humano” para proteger al auténtico ejecutor.
NO CONOCER LA BONDAD ALAVESISTA
El problema es que el plan tenía un pequeño fallo: no conocer al Alavés. Porque si algo caracteriza a los jugadores albiazules es que no pierden ni medio segundo en marrullerías, ni en desconcentrar al rival, ni en esas tácticas de barrio que a veces se ven por ahí.
Vamos, que el paripé estaba tan pensado que se olvidaron de que enfrente tenían a un equipo que suele ser más de pichones que de villanos.
Igual a Osasuna le ha funcionado otras veces, pero contra el Alavés… la obra de teatro se quedó sin público.
Una escena simpática, irónica y muy de derbi: unos actuando, otros jugando. Y claro cuando unos juegan, van y meten cinco: 5-2. Solo el Alavés aguanta al líder Barcelona








