El botín, un cuarto de millón de euros en alhajas y piedras preciosas, estuvo a la altura del golpe.
Un robo digno del guión de la mejor serie televisiva, perpetrado con una lanza térmica en la emblemática joyería Munoa de San Sebastián.
Su presunto autor será juzgado a partir del próximo lunes en la Audiencia de Gipuzkoa.






