EH Bildu Vitoria-Gasteiz

Rubén Miralles (EFE).- Los recientes pasos dados por EH Bildu mostrando su pesar por el sufrimiento padecido por las víctimas de ETA y su inédito pacto presupuestario con el Gobierno Vasco de coalición PNV-PSE están moviendo el tablero político vasco en el que queda mermada la capacidad de influencia de Elkarrekin Podemos-IU y el PP.

Desde la fundación de EH Bildu en 2012 la coalición nunca había llegado a un pacto presupuestario con el Gobierno Vasco como ha ocurrido con las cuentas públicas de 2022. Ambas partes insisten en que el acuerdo, que se traduce en la abstención de la coalición, se circunscribe a este ámbito, pero el Ejecutivo de Iñigo Urkullu ha valorado ese cambio de rumbo y confía en que pueda ser la antesala de otros acuerdos.

El PNV va más allá y augura la apertura de una senda de colaboración con la coalición soberanista. El otro socio del Gobierno Vasco, el PSE, también considera positivo el acuerdo pero advierte de que no aceptará posibles pactos que incluyan derivas soberanistas.

Desde EH Bildu, pese a las críticas recibidas por parte de los sindicatos LAB y ELA, tampoco descartan otros pactos. «La puerta está abierta para alcanzar acuerdos de país», ha sentenciado su portavoz parlamentaria, Maddalen Iriarte, sin precisar cuáles serían esos posibles ámbitos de colaboración.

A este guiño de la coalición al PNV y al PSE se une también otro gesto de EH Bildu hacia las víctimas de ETA al trasladarles su pesar y dolor por el sentimiento padecido que «nunca debió haberse producido», un avance que podría abrir otras puertas en el mundo político y que ha sido valorado por nacionalistas y socialistas aunque lo consideran aún insuficiente.

Sin embargo, ese paso se ha ido enfriando tras el posterior apoyo de Sortu al exdirigente etarra Mikel Albisu, Antza, durante su declaración como investigado por el asesinato de Gregorio Ordóñez, y la propuesta de este partido para que el exmiembro de ETA David Plá forme parte de su dirección.

No parece de momento que el acuerdo presupuestario se pueda trasladar a un tema enquistado desde hace años, el nuevo Estatuto vasco. Desde que acabó la anterior legislatura el futuro del autogobierno vasco apenas ha ocupado espacio en el debate político, que en los últimos dos años ha estado más centrado en la pandemia de la covid-19.

Esta es una cuestión que separa a los dos socios del Gobierno autonómico y de las principales instituciones vascas y por el momento han preferido orillar el debate.

Solo durante el pleno de Política General del pasado mes de septiembre el lehendakari, Iñigo Urkullu, sacó del cajón el futuro del autogobierno vasco cuando volvió a defender una nueva fórmula de relación bilateral con el Estado a través de un Concierto Político que reconozca la realidad nacional y la singularidad de Euskadi.

Los socialistas se revolvieron y advirtieron de que esas aspiraciones nacionalistas ya condujeron a Euskadi a un callejón sin salida en el pasado. «Si quieren volver a lo mismo ya conocen el procedimiento pero también el final del camino», avisó el nuevo secretario general del PSE-EE, Eneko Andueza, en referencia al denominado Plan Ibarretxe que fracasó en 2004.

Y mientras tanto el Gobierno Vasco se centra en negociar las transferencias aún pendientes recogidas en el Estatuto de Gernika. Este año ha logrado por fin la gestión de las cárceles vascas y el siguiente paso es conseguir la competencia de los aeropuertos vascos de los puertos de Bilbao y Pasajes, y el Ingreso Mínimo Vital (IMV), entre otras.

Más complicado es que en los próximos meses pueda llegarse a un acuerdo con el Estado sobre una de las transferencias más polémicas, la gestión de la Seguridad Social.

Así que en 2022 se verá cómo evoluciona esa nueva relación de EH Bildu con el Gobierno Vasco que ha dejado descolocada a la otra coalición de izquierdas, Elkarrekin Podemos-IU, que se había significado como un partido abierto a los acuerdos con PNV y PSE cuando apoyó los presupuestos de 2020 o la Ley Antipandemia este mismo año.

Sus representantes se han movilizado para descalificar el acuerdo presupuestario de EH Bildu y consideran que es una decisión política cuyas razones no han sido explicadas. Su movimiento ha sido rápido para no perder pulso: pocos días después de conocerse ese pacto su marca en el Ayuntamiento de Vitoria sacó pecho y volvió a cerrar un pacto presupuestario municipal con PNV y PSE, en minoría.

Por su parte, los partidos de la derecha no nacionalista intensifican sus críticas contra el PNV y el PSE por acordar con EH Bildu tanto en Euskadi como en el Estado. Lejos queda el apoyo del PP que presidía Alfonso Alonso a los presupuestos del PNV y PSE de 2017 y 2018.

La estrategia del PP vasco, que por primera vez esta legislatura se presentó junto a Cs, es la de absorber a Ciudadanos y ya ha conseguido atraer a sus filas a uno de los dos parlamentarios del partido naranja.

Y todo indica que Vox, con una única representante en la Cámara vasca, seguirá en un plano irrelevante para la política vasca en 2022 y dejada de lado por la mayoría del resto de los grupos que, habitualmente, excepto PP+Cs, no intervienen en el Parlamento cuando las iniciativas parten del partido de extrema derecha. EFE


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2 Comentarios

  1. Ahi la has clavado. Bildu no pasa de socialdemocrata, tristemente. Y vox es como venimos diciendo la derecha mas extrema de toda Europa. De acuerdo contigo Viriato.

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