Vitoria ha presenciado lo imposible: Celedón eclipsó al Sol. En una tarde de nervios y relojes que no avanzaban, su silueta se cruzó con el Astro Rey, y emergió victorioso. Le doblegó. Costó unos segundos, pero salió airoso. Un instante único, un eclipse propio, y un grito eterno… ¡Arde Vitoria de emoción!
Las fotografías responden a lo que se vio desde el lateral de Mateo Moraza.
Hay tardes que no se explican, se sienten. Tardes que te aprietan el pecho, que te devuelven a la infancia, que te recuerdan que no eres de Vitoria si no se te humedecen los ojos cuando aparece Celedón.
Porque Celedón ha bajado, sí. Pero además… hemos vivido un eclipse. El Eclipse de Celedón.
La espera que desespera: el reloj como enemigo
Antes de que todo ocurriera, la plaza era un hervidero de nervios. Mirabas el reloj cien veces. Luego mil. Y no avanzaba. Las seis no llegaban nunca, como si el tiempo se negara a moverse. Cada minuto era un pellizco. Cada segundo, un suspiro. La Virgen Blanca contenía la respiración.
La torre, las cabezas, el ritual
Cuando por fin dieron las seis, comenzó el viejo rito vitoriano: sorteabas cabezas, empujabas hombros, buscabas un hueco imposible para ver la torre. Ese instante en el que Celedón asoma es un milagro repetido, un latido que se hereda de generación en generación. Y entonces… apareció. La plaza explotó. Miles de gargantas se rompieron. Miles de brazos se alzaron. Miles de corazones se sincronizaron.
El Eclipse de Celedón: la batalla con el Astro Rey
Desde Mateo Moraza, desde ese lateral privilegiado donde la luz cae de frente, se vio algo sorprendente.
¡Celedón avanzaba hacia el sol. No hacia la plaza. No hacia el balcón. Hacia el sol!
Por unos segundos, el sol dejó de ser el dueño del cielo. Por unos segundos, Celedón fue más grande que la luz. Y cuando salió de ese círculo de fuego, cuando volvió a brillar él mismo, la plaza rugió como si hubiera vencido una batalla. Porque la había vencido. Porque Celedón siempre vence el 4 de agosto.
Una tarde que ya es historia
Hoy Celedón no solo bajó. Hoy detuvo el tiempo, tapó el sol, ganó una batalla de luz y nos hizo llorar sin vergüenza.
Hoy Vitoria vivió un eclipse que no estaba en ningún calendario. Un eclipse que solo se explica con emoción. Un eclipse que ya es leyenda.
Porque Celedón baja del cielo y del corazón de la ciudad. Y hoy, por un instante, fue más grande que el propio sol.
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