Una hora y veinte minutos ha durado la dura comparecencia del alcalde Javier Maroto ante los grupos de la oposición que habían afilado sus argumentos sobre la no consecución del récord Guinness a la tortilla más grande del mundo. En otros asuntos polémicos, como la Estación de Autobuses de Euskaltzaindia tenía el apoyo de EH Bildu, en la polémica por la RGI, se siente respaldado por gran parte de la ciudadanía, pero hoy se ha debido sentir muy solo. Quizá por ello ha comparecido  acompañado de los pesos pesados de su equipo de gobierno, Manu Uriarte, Miguel Garnica y Ainhoa Domaica.

El alcalde se ha defendido argumentando que la tortilla de patata más grande del mundo es la de Vitoria, pero que Guinness, por cómo elabora sus criterios, no hace distinción entre tortillas y por eso el título se ha quedado en Japón, donde elaboraron «una tortilla con leche que no se pudo ni comer» ha dicho.  Ha reconocido que se sorprendió cuando vio que la tortilla se traía en piezas ya hechas, pero que así debía ser por motivos sanitarios.

Maroto ha respaldado a Senén González, explicando que hizo lo que la empresa Capital Española Gatronómica le pidió que hiciera y ha tildado de «traspiés» que lamenta el hecho de que Guinness no haya concedido el título a la ciudad. Traspiés que le va a costar a esta organización no cobrar 50.000 euros que tenía firmados con el Ayuntamiento.

Ha defendido que esta capitalidad ha sido buena para Vitoria, que así lo demuestran los datos del SEA-Hostelería y de la Oficina de Turismo. Ha insistido en que el evento del 2 de agosto en la Virgen Blanca fue un éxito popular y de repercusión mediática en todo el mundo. El error lo ha cometido la organización que no se informó bien de los parámetros de Guinness y siguió el proceso que ya había tenido éxito en Burgos el año pasado con la «morcilla más grande del mundo».

También ha lamentado el alcalde que todos los grupos de la oposición aprovechen este fallo de la organización para pensar «que ya han pillado cacho, vamos a morder»  en asuntos en los que se pone el nombre de la ciudad encima de la mesa. En otras corporaciones esto no pasa, dice Maroto.

La oposcición ha sacado la batería pesada de argumentos para sacudir políticamente a Maroto. El socialista Paxi Lazkoz le ha acusado de defender que «la gente de Guinness son unos ignorantes que no saben lo que es una spanish omelette» y ha temido que la firma británica tome nota de lo  ocurrido y complique la consecución de récords en Vitoria en el futuro.

Antxon Belakortu de Bildu ha dicho que «esta es la forma de gobernar del PP, da todo igual con tal de salir en la tele» y que en este caso «no se ha batido ni lo huevos» y que se ha cometido una ilegalidad por no sacar a concurso entre los cocineros de la ciudad el intento de récord.

Por parte del PNV, Nerea Melgosa, ha denunciado la dejadez con la que ha llevado el ayuntamiento todo este asunto y que si se «compra un premio que cuesta 125.000 euros hay que mirar mejor el paquete para ver que lleva dentro«. Ha dicho que la imagen dela ciudad  «está siendo ridícula, de capital de república bananera». Además cree que se han incumplido muchos otros compromisos por parte de la Capitalidad Gastronómica Española.



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