(EFE).- Un hombre ha sido condenado a un año de cárcel y a pagar una indemnización de 31.675 euros por golpear y romper el brazo a otro que le recriminó que circulara en bicicleta por la acera de una calle de Vitoria.
Un juzgado de Vitoria ha declarado probado que el 13 de enero de 2014 la víctima afeó al hoy condenado que circulara con su bicicleta por la acera, lo que derivó en una discusión.
El acusado con «ánimo lesivo» golpeó con su candado la espalda de la persona que le había censurado, para después darle un empujón que le tiró al suelo.
A consecuencia de la agresión, la víctima sufrió una fractura de húmero en tres fragmentos y necesitó 403 días para «estabilizar sus lesiones», de los cuales 12 fueron de hospitalización.
Durante el tiempo de recuperación la víctima estuvo «incapacitada para el desarrollo de sus ocupaciones habituales» y ahora tiene una limitación de la movilidad en el brazo además de un leve dolor en el hombro.
La Fiscalía pedía para el agresor una pena de tres años y medio de cárcel y una indemnización de 22.225 euros por las lesiones causadas y otros 9.450 euros por las secuelas.
El titular del juzgado de lo Penal número 1 de Vitoria ha condenado finalmente al agresor a un año de cárcel y a abonar a su víctima una indemnización total de 31.675 euros, en una sentencia de conformidad entre las partes.










Creo que el ciclista debería haber continuado su marcha por la acera. El error que cometió fue detenerse y ponerse a discutir con la persona que le afeó su conducta. Hay calles donde todavía no hay carriles para bicicletas y necesariamente tienes que circular por la acera. Eso sí, con mucho cuidado, sin atropellar a ningún peatón. Seguramente este ciclista circulaba por la acera a gran velocidad. En ningún caso hay que llegar a la violencia. La violencia está muy bien para las películas bélicas o de acción, pero no para la vida real. Estas son las consecuencias de darle una paliza a alguien. Acabas en la cárcel y, encima, tienes que indemnizar a la víctima. Por eso no vale la pena ser violento. En estos casos es mejor hacer oídos sordos. Yo, sinceramente, hubiera continuado la marcha por la acera, como diciendo «voy en bicicleta por donde me sale de los huevos».