11 restaurantes de Berlín es la última propuesta para los aficionados de Baskonia que nos propone la prestigiosa revista SPEND IT. Ahí van:

Ban Ban Kitchen – Schillerpromenade 32.

Ban Ban Pop Up Kitchen es el nuevo local de cocina coreana en Berlín. Hasta hace poco tiempo se situaban en Hermannstrasse en un local parecido a un chiringuito de madera de la costa. Streetfood muy interesante y sabrosa. Este año se han mudado dos calles más allá para dar a sus clientes las mismas burgers koreanas pero en otro tipo de establecimiento.

Ban Ban tiene sabor, textura, color, y mucho ritmo. En su menú hay tres apartados: pollo, ternera y vegetal. Y en cada apartado hay tres elaboraciones: noodles, hamburgesas y tacos. Las kim Chi fries, patatas con carne y especias, son memorables, y la original burger coreana de ternera se agota cada día a última hora. En la carta incluyen las patatas, y también una amplia variedad de ensaladas, postres de frutas exóticas y batidos y zumos caseros. La cocina no ha cambiado así que se puede seguir disfrutando de los sabores asiáticos desde un punto de vista moderno y urbanita, y además, ahora en un local con todas las comodidades.

CHUTNIFY – Sredzkistraße 43.

El estilo berlinés con bancos y mesas compartidas en la terraza, unido a los platos hindúes de Aparna, la dueña de este restaurante, se funden en Prenzlauer Berg.
Chutnify es un oasis en medio de la desértica oferta de comida india en Berín. Los colores que decoran el restaurante parecen sacados del Holi Festival, y de los colorantes y las especias de sus platos. La cocina, sin pretensiones, es fresca y vibrante y nos ofrece un paseo por los sabores orientales. El bonito rincón se ha hecho famoso por sus dosas del sur de la India, que están rellenas con curry y se sirven con toda suerte de chutneys (o chatnis) caseros.

CLUB BANGALUU – Invalidenstraße 30

Acaba de hacer un año que BANGALUU abrió sus puertas en Berlín, a su inauguración no faltó toda esa fauna cosmopolita y hedonista que vaga por las capitales de medio mundo en busca de lo último y lo más exclusivo. Este club berlinés ofrece eso y mucho más a gente de paso por la ciudad alemana y a una exhuberante población autóctona: noches divertidas, servicio personalizado, delicias gastronómicas…

DÓTTIR – Mittelstraße 40

Stephan Landwehr y Boris Radczun, los maestros que encontrábamos ya tras Grill Royal y Pauly Saal han abierto Dóttir. Está situado en una zona que todavía queda semi desierta de Mitte (un bloque entre el río Spree y la calle Unter den Linden, pasado Friedrichstrasse). La chef Victoria Eliasdóttir crea platos inspirados en la cocina nórdica que además de tener una pinta estupenda (se puede comprobar en su cuenta de instagram), contienen ingredientes naturales como las hierbas escandinavas, musgo y cebada de Islandia. Esta visión de la cocina nórdica desde las cocinas de Berlín sorprende tanto al paladar como a la vista. La decoración del restaurante es agradable, tonos neutros y blancos no impiden que sea un restaurante cálido de ambiente acogedor. El estilo de Dóttir nace en las elaboraciones culinarias pero traspasa a los suelos de madera, los techos altos, las sillas y banquetas desparejadas y hasta al encantador staff.

HOUSE OF SMALL WONDER – Johannisstraße 20

En una bocacalle de Mitte, escondido de turistas invasores, se encuentra House of small wonder. Subiendo unas escaleras de caracol se llega a un bonito comedor con ventanas, plantas, suelos de madera y mesas desconjuntadas. Te parecerá trasladarte a Brooklin por su toque rústico y neoyorquino, pero no; el local está regentado por japoneses con lo cual es complicado entenderse hasta en alemán. No es un gran problema, ya que lo importante es la comida: brunch exquisitos compuestos por croissants rellenos de huevos revueltos y bacon, sándwiches de aguacate y queso de cabra, zumos naturales, y magníficos tés. Es un paraíso creado para disfrutar de un largo desayuno-comida en buena compañía.

INDUSTRY STANDARD – Sonnenalle 83.

Merece la pena llegar a Neukölln para conocer este lugar. Una antigua fábrica, un comedor diáfano, materiales nobles, una carta con nombres de ingredientes sueltos… Berlín es especial, y este restaurante no podría estar en otra ciudad del mundo. Industry Standard tiene su propio Manifiesto, sus ideas, y por encima de todo su cocina, que por cierto, ocupa la mayor parte del espacio de la sala.
Defienden sus ganas de hacerte disfrutar de la gastronomía, de que compartas sus platos y los devores. La influencia rústica francesa y mediterránea está detrás de elaboraciones precisas, modernas y cuidadas. Manejan términos como “comfort food” pero lejos de artilugios y adornos, sus platos sorprenden por la frescura, el sabor y el color. Toda una experiencia acompañada de una selección de vinos que cierran el círculo. Aquí lo rompedor es constructivo, y la idea consiste en salir nuevos de esta antigua fábrica.

KATZ ORANGE – Bergstraße 22.

Este lugar es famoso en la escena culinaria creativa de Mitte. Su interior combina muebles rústicos de madera con pareces antiguas de aire industrial en lo que solía ser una cervecería. El diseño del local está adornado con toques de Sudamérica, ya que la leyenda dice que el dueño del restaurant se inspiró en un gato naranja que encontró cuando viajaba por este continente.
En cuanto a la cocina, el comensal no viajará tan lejos, sino que se queda en Alemania. Los platos de Katz Orange contienen ingredientes premium de la región como el tartar de Brandemburgo o el queso de cabra con falafel de quinoa.
En lo que son expertos aquí es en la Slow Cuisine. En el menú puedes encontrar el pork Duroc que debe asarse durante 12 horas a baja temperatura, por ejemplo. Nosotros te recomendamos terminar la cena con uno de sus cócteles, como el Grape Me de pisco, albahaca y menta.

LA SOUPE POPULAIRE – Prenzlauer Allee 242.

El concepto de La Soupe Populaire une gastronomía y arte: hay exposiciones de arte en el llamado «taller» y el restaurante consigue así una simbiosis interesante. Mobiliario vintage, mesas dispuestas de forma minimalista, y una iluminación cálida que deja el protagonismo a las obras expuestas, pero sobretodo a los platos. La carta es parte de ese concepto general, puesto que el chef Tim Raue crea menús especiales inspirados en cada exposición. La carta se compone de 4 entrantes, 4 platos principales y dos postres. No hay lugar para la equivocación en este templo en el que todo está pensado, combinado, y muy bien elaborado. El «estrellado» restaurante es el tributo de Tim Raue a la cocina popular, eligiendo los productos frescos de mayor calidad y concediéndoles un primer plano en platos sencillos pero no simples. La carta de vinos recoge 10 variedades de blancos y tintos así como alguna rareza excepcional. Alta cocina para disfrutar, sin artilugios ni artificios, es lo que encontrarán en este espacio para los amantes de las cosas bien hechas.

MUSASHI – Kottbusser Damm 102

Este pequeño agujero es uno de los restaurantes de sushi más auténticos y antiguos de Berlín. Según cuenta su dueño, lleva ahí desde que cayó el muro. El sushi es estupendo: preparado por japoneses al momento, fresco, bueno de calidad y a un precio muy razonable.
El pequeño espacio ofrece unos pocos asientos a los afortunados que llegan pronto, y unos bancos en la zona exterior, dónde te puedes sentar con otros clientes -muy berlinés. La decoración está formada por algunos objetos típicos y miniaturas de acuarela. No falta la cerveza helada Asahi. Musashi tiene fama, una fama más grande de lo que puede abarcar, así que recomendamos ir a horarios de comida españoles. Pronto al mediodía y a media tarde suele ser imposible conseguir sitio. Eso sí, preparan también menús para llevar y puedes tomarte una cerveza tranquilamente mientras esperas. Te recomendamos probar este sushi sin adornos ni artificios, bueno y natural como Kappa o Shinko, después un rollito Unagi, y si quieres acompañar con algo refrescante, pide el helado de Matcha. En verano puede ser un plan ideal, cerveza en mano y sushi en la otra, ir a un parque de Kreuzberg y disfrutar de una cena diferente.

PAULY-SAAL – Auguststraße 11-13,

Una opción gastronómica recomendable y repleta de historia si se deja caer por Berlín. Hablamos del restaurante Pauly-Saal, ubicado en el gimnasio de la antigua escuela de niñas judías reconvertido en el centro de ocio con más ambiente de la ciudad. Los dorados años 20 y 30 han servido de inspiración para interpretar la cocina y la decoración alemana de la época. Los platos están pensados para compartir y muchos de los ingredientes son cultivados orgánicamente, prestando especial atención a las carnes, procedentes de granjas que utilizan procesos tradicionales y naturales. Todos los materiales que componen este espacio único e histórico han sido diseñados especialmente para el restaurante. Entre ellos destacan los candelabros de murano, sus originales sillas y su cocina a modo de expositor. Aunque durante años fue un edificio cargado de dolor, hoy goza de una vida renovada.

RUTZ – Chausseestrasse 8.

Bajo el concepto de cocina de calidad y buen vino encontramos el Bar Rutz, que después de haber conseguido en 2016 una Estrella Michelin se puede considerar mucho más que un bar. La selección de vinos no sólo responde a nombres propios o etiquetas, sino a caldos de alta calidad provenientes de todo el mundo.
El Chef Marco Müller comanda la cocina, de dónde salen menús que satisfarán a verdaderos gourmets. Merece la pena pasarse a conocer el Rutz tanto para tomar un aperitivo a mediodía, o un vino por la tarde, como para sentarse a cenar en uno de los mejores restaurantes de Berlín.

 

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