En los últimos meses, numerosas entidades han dado la voz de alarma debido a los problemas cada vez mayores que ocasionan las toallitas húmedas de higiene personal en las redes de saneamiento, y el coste, no sólo económico sino medioambiental que ello implica. Además, el aceite por los fregaderos se suma a la plaga de problemas.

Y es que, aunque algunos envases indican que las toallitas pueden desecharse por el wc, lo cierto es que su proceso de degradación es muy lento y llegan casi intactas a las depuradoras, según informan organizaciones conocedoras del problema.

En su recorrido forman masas de tejidos compactados que provocan enormes atascos en los desagües, en las bajantes comunitarias, en los sistemas de alcantarillado, en los colectores, bombeos y en las propias plantas depuradoras.

La Cadena Ser calculó que puede suponer en Vitoria unos 100.000 euros de coste a la empresa de aguas AMVISA.

Por otro lado, cuando se ocasiona un colapso en la red se produce el vertido de aguas sin tratar al medio ambiente, lo que incrementa la contaminación de los acuíferos. Por todo ello, y a la espera de que cambie la normativa de etiquetado de estos productos, la recomendación es que ponga lo que ponga en el envase, es mejor tirar las toallitas siempre a la basura y nunca por el váter.

¿Y aceite por el fregadero?

El otro monstruo que vive en las alcantarillas es el aceite usado de cocina, que como las toallitas, mezclado con otros residuos forma grandes bolas de grasa que atascan la red, pero sobre todo, contamina el agua.

Un litro de aceite usado contiene aproximadamente 5.000 veces más carga contaminante que el agua residual/fecal, pudiendo llegar a contaminar 40.000 litros de agua, que es equivalente al consumo de una persona en un año.

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